domingo, 28 de mayo de 2017

Sólo puedo correrme cuando estoy arriba



28 de abril

Hace tiempo que Eduardo sugirió que comenzara con un diario, pero me daba pereza. La semana pasada acompañé a Marina a una conferencia en la UNITIERRA, el lugar es una pasada, tienen un proyecto de escuela integral con huerto y granja. Nos repartieron pan casero delicioso, además valió la pena porque nunca había visto al Subco de cerca. No es que esté tan al tanto del EZ,  supe de su cambio de Delegado Cero a Comandante Galeano y sigo las noticias de La Sexta por internet, pero poco más que eso. Pero quién no se enamoraría de las palabras de ese hombre. El discurso que leyó estaba narrado a través del diario de un tal Gato-Perro. La idea me animó un poco, además, me hizo ruido el cambio del masculino al femenino, sobra decir que hablar de los diarios de una tal Gata- Perra no me remite al mismo significado. Hace un par de días leí en el feis, que la RAE reconoce más de 100 maneras de llamar puta indirectamente a las mujeres, gata y perra también figuran en la lista; venga coño y dicen que el lenguaje no refleja al sistema patriarcal.

Tus pechos se mostraban deliciosos, tenías frío, me lo dijeron tus tetas duras; me acerqué despacio a tomar tus pezones con la boca, los chupé, los mordisqueé, los lamí. Daniela, tus pechos rebotaban mientras ese hombre moreno te embestía por detrás; tus pechos eran dulces. Tu sudor era dulce y ácido, perlaba tu piel mientras él te penetraba. Me encantaba mirar la polla entrando y saliendo de tu pequeño sexo húmedo. Por un momento el miembro se detuvo, y el hombre que te hacía retorcerte, me tomó de la cintura y me penetró despacio. Tu sabor era lo único que me apetecía probar, tu saliva dulce, mientras su falo grueso, rígido y palpitante me penetraba poco a poco.
2 de mayo

El resto de la semana, Daniela me invitó para tomar fotos del evento, le agradecí la invitación, Dani, sabe que he vuelto a la terapia y que aprovecho cualquier salida para distraerme. El encuentro estuvo interesante, me enteré un poco, a pesar de estar liada con la cámara. Los ponentes comparaban al sistema capitalista y heteropatriarcal con una hidra de siete cabezas, devorándonos. Hablaron de un largo proceso de decadencia y de una crisis inminente. Salí un poco paranoica.

Otra vez gritabas por la calle, te  dejó de nuevo el camión de la basura. Tenías puesto un negligé rojo, semitransparente, tu pelo, castaño y lacio,  escurría sobre el escote amplio que mostraba de sobra la firmeza de los pechos. Me ofrecí a  ayudarte de regreso con la basura. Tu puerta estaba abierta, me invitaste a tomar un café. Yo llevaba un vestido corto, morado; justo al entrar, me alzaste la falda y bromeaste sobre mis bragas de color blanco, me acariciaste las piernas. El tipo que salió de tu habitación parecía un zombi, aunque tal vez sólo seguía borracho.  Se dirigió directo a ti y comenzó a besarte, a chuparte los labios, el cuello, te besaba la vulva como una fruta, te lamió un largo rato. Ana, parecías ser una fuente donde se saciaba, absorbía tus jugos, como a un melocotón maduro, sorbía con la lengua buscando tu semilla. Por fin te penetró sobre la mesa. Me quedé  inmóvil todo el tiempo, me sonreíste cuando me paré y cerré la puerta, creo que el tipo, ni siquiera entonces, se dio cuenta de que yo estaba en la misma habitación. Me fui corriendo a casa, empapada

13 de mayo

Al regresar a casa vi a los niños de la primaria cercana,  los uniformes grises y de rallas contrastaban con las lascivas sonrisas de sus rostros. Uno de ellos, tendría 12 años, tomó a una niña de los hombros, supongo que se trataba de su hermana, la empujó hacia el otro lado de la calle y le gritó: “¡te dije que tú vas por allí!”; la niña, de  unos seis años, se fue gimoteando y arrastrando los pies, justo por donde él le dijo. En mis tiempos, no se llamaba bullying, se llamaba: ¡mamá, fulanito me pegó, me insultó, me empujó, me escupió, me gritó!  En mi realidad, se llama Michel Foucault explicando como las relaciones de poder penetran en los cuerpos; el poder no nos deja permanecer pasivos, el poder nos obliga a reproducir la sonrisa malévola que brota en la cara de ese niño cuando empuja a su hermana y le dice exactamente hacia dónde dirigirse. El poder inmiscuyéndose en todas las formas de relacionarnos; marcando nuestra relación con el mundo, mi relación con la naturaleza.  Sólo puedo correrme cuando estoy arriba. ¿Qué dice de eso el psicoanálisis? Yo podría dar una explicación acerca de la posición de mi pelvis y la postura del pene, podría contar que de otra manera no se estimula igual el clítoris, decir que los movimientos no se ejecutan con la misma profundidad, pero ¿qué diría un experto acerca de mi necesidad de manejar la situación? No sé si reconocería que, como buena gata-perra, necesito marcar una situación de jerarquía.

12 de junio

Martha está recién parida, su hija nació hace una semana, apenas hace dos días se quitó la faja que su hermana le puso. La vi el sábado, llevaba una falda corta y una blusa que se amarraba por detrás, tenía la mirada vidriosa y unas bragas color carne, caminaba enseñándoselas a todo el mundo.  Eran las diez de la mañana, en la esquina del mercado había una camioneta blanca. Tres chicos rubios ofrecieron llevarnos a tomar algo para el “descrude”, fuimos a un garaje bastante cerca. Al poco rato, llevaba la blusa desanudada, traía las tetas al aire y se frotaba  contra nosotros rogándonos por que se las tocáramos; refregaste tus pechos en mis manos, intenté calmarte, pero todo sucedía demasiado rápido ¿de dónde sacaron el antifaz negro? ni siquiera te quitaron las bragas, las hicieron a un lado y después de lamerte los pechos, te penetraron por turnos, uno detrás del otro, ¿en qué momento comenzaron a grabarte con sus teléfonos móviles? ¿Cuándo empezaste a gemir como una loca? Parecías tremendamente húmeda, ¿de verdad no te dolía soportar un miembro tras otro? Y  a pesar de que girabas la cabeza de un lado a otro, apenas movías el resto de tu cuerpo; arremetieron contra ti, o mejor dicho, contra tu cuerpo que parecía abandonado.  Toda tú rebotabas como un títere, tus pechos, tus nalgas, tus muslos. ¿Cuándo me escabullí hacía la puerta? Ni siquiera se dieron cuenta. Sabes cuántas denuncias de extranjeras hay por violación; cerca de Santo lo mismo y en el barrio del Cerrito. Sigo buscando en internet un video donde encuentre tu cara (ya busqué en: teens/ latinas/ morenas/ orgías/ videos caseros). Martha, recuerdo demasiados detalles sórdidos, ojalá hubiese sido un sueño.
20 de junio

Sabes que llevo tiempo queriendo ir al psiquiatra, los psicólogos no sirven, los psicólogos ejercen su poder sobre nosotros, permanecen en el escalón más alto, se niegan a endulzarnos los oídos con palabras, demasiado valiosas para derramarlas. Sabes que la tentación más grande son las pastas, las pastillas: litio, valium, diazepam, cualquier cosa que pueda recetarme, cualquier cosa que me haga olvidar los sueños. Hace tanto que no paso una larga noche de diazepam.
Hace ya casi seis años que me fui de Salamanca, pero fue hace poco más de un año cuando comencé a tener los sueños: primero soñé que plantaba un árbol con raíces encogidas. Podía sentir todas las noches, como si yo fuese el árbol mismo, que sus raíces no tocaban tierra.
Eduardo me pidió que interpretara lo que el árbol representaba, le dije que sentía que era una espera continua, interminable, era lo más parecido que puedo imaginarme al infierno.
-       ¿No crees que el árbol es un símbolo de culpa?
-¿Culpa? Venga, Lalo, no me jodas, no puedo seguir pagándote un dineral por escucharme. Intenta ser un poquito más propositivo.
La verdad es que nunca le hablé sobre los otros sueños, ni insinué a qué clase de espera me refería. Me masturbé infinitas veces pensando en Lalo, pero él era una persona tan correcta, tan profesional, tan adecuada para su estilizada novia.
Algunas cosas sí tuve que contárselas, pero ni a tu psicólogo puedes contarle todo, no podía arriesgarme a que pensara que estaba loca. Sabía del enorme trauma que he sentido siempre: esa  imposibilidad de gustar, el miedo enorme a mostrarme desnuda, mi deseo terco por permanecer vestida hasta el final, mi negación a quitarme el sujetador, sabía que no me gustan mis pezones. Hasta cierto punto, Eduardo conocía mis relaciones insatisfactorias y supongo que infería que casi nunca me iba a dormir sexualmente satisfecha.
La verdad es que es un círculo vicioso, tengo pareja porque no puedo permanecer sola; sabes que me cuesta levantarme de la cama, tenderla, peinarme, darme una ducha; todo se convierte en una batalla casi imposible de librar. Cada vez que conozco a alguien paso algunos estupendos meses de folladera loca, después las cosas se enfrían, y el sexo comienza a espaciarse, una vez a la semana, cada quince días… la rutina, el trabajo, una vez al mes, hasta llevarme a la locura insoportable de varios meses y entonces los sueños aparecen.
Los personajes aparecen de la forma más extraña, muchas veces se trata de alguien con  quien me cruzo durante el día, alguien que vi en el transporte o en la oficina, de quien de  forma consciente nunca me acordaría; se aparece en mis sueños, desnudo, con un tremendo miembro o con unos pechos hermosos, casi siempre enormes. También se me aparecen amigos, los compañeros más insulsos de trabajo, actrices porno y  algunas veces,  personas imaginarias, preciosas barbies plásticas, acompañadas por tipos duros.
A Lalo lo invocaba antes de dormir, veía su delicioso color dorado, en contraste con los ojos claros; su  acento extranjero y  la piel tostada me invitaban a mordisquearlo como a un chocolate oscuro. Incluso soñé algunas veces con su novia, una colombiana preciosa que destacaba por su altura, era incluso más flaca que él, casi escuálida y de piernas largas.

Cuando abrí la puerta del estudio, lo vi de espaldas, tenía unas nalgas parecidas a las de un ex novio, redondas y apretadas, se movían a un ritmo sincopado. Ella estaba sentada sobre mi escritorio, tenía una tanga roja, diminuta, enredada en los tobillos; su tono bronceado me hizo recordar a Eduardo, desearlo una vez más. Avancé unos cuantos pasos, quizás no me habían escuchado entrar, vi que su rostro estaba oculto tras una pequeña máscara, tal vez se trataba de él. Sobre la mesa había un antifaz de plumas, me lo puse y me acerqué otro poco. Esos pezones gordos y oscuros sólo podían ser de Mónica, ella sonrió un poco y él se detuvo, pude ver su miembro venoso y flaco, ella se dio la vuelta, se recargó sobre el escritorio y me sonrió, apenas veía su rostro, me senté sobre la mesa durante un rato, me acerqué a lamer sus humedades, el dulce coño de Mónica, su vello suave, los duros cojones de Eduardo, su polla palpitante. Luego me acomodé sobre la mesa, ellos siguieron con lo suyo, pero Moni me lamió hasta correrme, mientras los dedos de Lalo resbalaban y se metían en mi coño.

28 de junio

Mi relación con Eduardo no podía salir bien, por eso decidí terminar con la terapia; a él tampoco le contaba de mis noches de Lady Chatterley, refregándome contra las sábanas, mientras mi pareja en turno, suspiraba profundamente a mi lado desde su quinto sueño.
¿La psiquiatría reconoce algo parecido a una ninfomanía onírica? Temo volverme una actriz porno, está claro que las ganas no me faltan, pero seguramente sí el potencial; no tengo unos labios voluptuosos, mis caderas apenas pueden llamarse anchas, mejor ni hablemos de los pechos, sabes que hago lo imposible por permanecer con sujetador, sabes que me veo al espejo y comparo mi asimetría dolorosa. Tal vez por eso en los sueños, los pechos son un tema recurrente, tal vez por eso me gusta tanto verlos rebotar, mordisquearlos y lamerlos despacito.
Sabes que platicarte esto a ti, el diario de una gata loca, es parte de la terapia. Necesito desahogarme, me duele amanecer con el cuerpo adolorido, roto. Sabes que hasta me da miedo emborracharme por lo que pueda salir de mi boca. Tú sabes que he tenido los pensamientos más absurdos: yo, Marianita, follando en otra realidad, desdoblando mi cuerpo hasta que soy más yo, más libre, más Mariana, donde lo puta no sólo me sale de la lengua sino del coño y del alma. ¿Tú piensas que tengo alma? Tú no puedes pensar que sea una puta desalmada. Las ojeras se vuelven cada vez más grandes, casi tanto como las ganas. ¿Piensas que se me ha puesto cara de puta, que la gente lee en mi rostro todos los pensamientos sucios; que en mi frente se leen las escenas de los sueños, las más dulces, las más sucias?

6 de agosto

La terapia funciona de maravilla, Daniela está feliz, parece mucho más estable después de la terapia, Ana también me la recomendó mucho. Me dijeron que agarrara la onda, no está chido vivir en este siglo y aspirar a meterme pastas para poder dormir. Lo de hoy es la terapia alternativa, la medicina maya, naturista, homeópata… Por una vez les hice caso y parece que mi deseo frustrado de acercarme a la psiquiatría, resultó fructífero.
Claudia es una mujer madura, va de pelirroja, es bajita y menuda, tiene sólo la redondez justa en las mejillas, en la cadera, en los muslos. Me pide que me relaje, pone sonidos ambientales y usa incienso de manzana y mango, nunca tiene prisa por terminar. Me pide invocar los sueños, me pide abrirme como un torrente, acercarme a la imaginación y a los deseos, alejarme del remordimiento.  El masaje de útero es sumamente relajante, y no, no genera culpa.



 Fotografías de la web

orquidea psicopata

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