lunes, 21 de marzo de 2016

Colectivo La Rosa



-          Yo opino que votemos por qué color de flores debemos de llevar, a mí no me gustan las flores rosas, además, yo creo que puede malinterpretarse si las llevamos de ese color. ¡Compañeros, recordemos que este no es un evento lúdico!, sino una conmemoración.
A Lucy se le ven los ojos redondos y pequeños, debido a las gruesas micas de sus lentes; es ágil para hablar, tiene el pelo rizado,  bastante flaca, sonríe a medias, se para con la espalda sumamente arqueada como un homínido.
-          Yo creo que ya debemos de votar, la compañera propone que no llevemos flores rosas, yo también estoy de acuerdo, creo que lo más adecuado para hacer la conmemoración sería llevar unas flores blancas, como de luto. Alcen la mano los que votan por las flores blancas.
Opina Saúl, el secretario, responsable de traer la laptop para tomar notas, aunque como las memorias de las asambleas no circulan nunca, nadie sabe si anota en ellas algo aparte de la fecha. Lo sospechan, sobretodo, porque opina acerca de cada uno de los puntos, pero escribe sumamente poco. Usa siempre una chaqueta verde militar y una gorra deportiva color negro.
-          ¡Compañero, no estoy de acuerdo, si estamos tratando de conmemorar un acto de violencia lo único que realmente nos representa es el color rojo! Alcen la mano los compas que estén de acuerdo.
Antonio dice de sí mismo, que es: muy otro; es moreno y bajito, pero su voz destaca por encima de las otras, no importa que se siente como siempre hasta atrás; juega a no figurar, pero siempre termina acaparando la palabra.
Raquel sonríe, sus ojos azules la vuelven demasiado bonita a los ojos de los demás, demasiado pálida para tener ideas propias. Para colmo, es feminista y usa un lenguaje incluyente que aburre a la mayoría. Siempre intenta recapitular.
-          ¡Compas, resumiendo, podemos votar por llevar las flores blancas, rojas o yo propongo  azules, agapandos azules que se relacionen con el logo de la colectiva, y propongo que votemos ya, para no perder más tiempo. A ver qué opinan todas y todos y seguimos con el siguiente punto de la agenda.
-          ¡Compañera, no hay que olvidarnos de que hay un punto trascendental que todavía no hemos discutido, no sé cuántos estén dispuestos a hacer acto de presencia, al menos, yo considero que es fundamental no sólo presentarnos para el acto conmemorativo, sino también para hacer guardias y apoyar a los compañeros!.
Enrique es siempre el que tiene la última palabra, el que saca a colación los temas no tocados, aunque poco o nada tengan qué ver con el punto que se encuentre discutiendo el resto de los presentes. Aunque es mejor conocido como “El Tiza”, porque siempre va atizado.  
Raquel replica nuevamente:
-          Bueno, entonces qué dicen las compañeras y los compañeros, ¿vamos a votar a no?
Saúl hace, de repente, lo que debió de haber hecho hace un rato,  nombrar una por una las opciones. Por mayoría de votos estos fueron los resultados: flores blancas: 6 votos,  rojas: 16, azules: 4, rosa: 4, abstenciones: 3
Lo cual da un total de treinta y tres votos, pero en la sala hay por lo menos cuarenta personas; el resto no decidieron abstenerse pero tampoco votaron por ninguna opción, tal vez hubieran deseado sentirse representados por algún otro color: violeta, salmón, menta, verde, café, durazno, mamey, fucsia, borgoña o cualquier otro...
Saúl concluye: bueno, pues, por mayoría, nos presentaremos a la conmemoración con flores rojas. Ahora pasaremos al siguiente punto, acerca de lo que mencionaba el compañero Enrique de hacer guardias y acto de presencia.
Ceci tiene el pelo negro y lacio, le llega a la altura del short o de la  falda, tiene las cejas gruesas, podríamos decir que es de complexión robusta. Ceci pide la palabra:
-          Compañeras y compañeros, al menos yo no estoy de acuerdo con que hagamos acto de presencia, el acto conmemorativo será el día 25, cuando terminemos con la marcha, pero yo tengo otras actividades que me impiden estar desde hoy 19, apoyando a los compañeros que se encuentran en la toma.
La mayoría de los presentes se revuelven en sus asientos, unos mientan madres, otros se mesan los cabellos, se jalan la barba, cambian de nalga, cruzan la pierna…
Antonio dice:
-          Como dice la compañera Ceci, que al menos tiene razón en eso, yo creo que debimos empezar a discutir ese punto de la agenda para comenzar con la sesión. Los compañeros que están ahorita en la toma están allá rompiéndose la madre, arriesgando su seguridad. Debemos enviar una comisión urgentemente que salga para allá y de una vez les lleve café o atole y ahorita vemos de a cómo cooperamos-.  Antonio es el clásico compa que coopera con un chicle (alguno que alguien le regalo), el que pide cigarros, encendedor, el que no lleva lápiz, pero que tiene el modelo de iphone más reciente. 
Raquel comenta:
-          Compañeras y compañeros, alcen la mano, las y los que puedan ir, para que armemos una comisión, al menos yo sí puedo.
 Lucy se levanta a medias, como siempre, su espalda forma un gancho, y así pide la palabra:
-          Compañeros, yo no estoy de acuerdo con que se mande una comisión para apoyar porque no me siento representada por la toma, es un movimiento suyo y cuando hemos armado aquí algo colectivo, ellos nunca nos han dado ningún apoyo, opino que no debemos desgastarnos haciendo turnos porque eso no ha sido algo recíproco.
Saúl deja su Mac y su coca light sobre la tarima y pide la palabra:
-          ¡Lo que dice la compañera es una clara muestra del sistema capitalista, muestras del individualismo y egoísmo, como esas, son lo que no nos deja avanzar! ¡Yo opino que es algo sumamente urgente armar una comisión de al menos veinte para que nos estemos turnando y nos vayamos desde ahorita a apoyar! Alcen la mano los que estén de acuerdo con armar la comisión.
Unas dieciocho personas alzaron la mano, y Saúl añadió: - Alcen la mano los que podrían ir ahorita, en la noche o mañana para ir anotando horarios para la comisión.
Saúl y Antonio alzaron el brazo, nadie más, (¿quién da más, quién da más?).
Saúl tomó de nuevo la palabra y por enésima vez repite:
-          Compañeros, quiénes podrían ir a alguna hora para allá a apoyar a los chavos de la toma
Raquel siente la necesidad de aclarar:
-          Compas, yo no alcé la mano porque creo que Ceci tiene la razón, no tenemos mucha relación y ellos nunca han mostrado solidaridad con nuestros movimientos, así que, yo sí quiero irme para allá pero no quiero ir como representante de la Asamblea, sino a título personal. Además, no sé, si se pone muy feo en la noche no creo quedarme, así que no quiero cargar con esa responsabilidad.
Antonio agrega:
-          ¿Alguien más compañeros?, necesitamos que se vea que somos participativos, ¿quiénes más quieren ir a apoyar?
Nadie más alzó la mano, excepto Chilo,  el gordito de barba que siempre se sienta hasta al fondo,  la alzó pidiendo la palabra.
-          Compañeros, yo la neta opino que esto ya se esta alargando mucho, y mi jefa ya me está esperando afuera. Hay que votar para ver quiénes están de acuerdo con que se haga la comisión y sino ya pa´ que se vaya cada quien personalmente.
Saúl realiza el conteo de votos, treinta y seis brazos se alzan para votar ahora por que no se arme la comisión. Antonio dice en voz alta que decide irse para allá y anuncia que va a comprar café y galletas, y que aunque no vaya como representante, ahí los que le quieran cooperar. Dos o tres sacan una moneda de un peso, otros de cincuenta centavos, y con tres pesos en la bolsa, Toño se lanza para apoyar al movimiento.  
Los asistentes mientan madres, se rascan, se jalan el pelo, se remueven en las sillas como si tuvieran picapica, o como si aplicaran la técnica del oso contra el árbol para rascarse las pulgas de la espalda, otros muchos se ponen a platicar, se escuchan, sobre todo, frases como estas: -por eso México no avanza-, -esta madre ya se tardó mucho-, -nunca nos ponemos de acuerdo en nada-, -mmm Dios, estos vergas, caen mal, para qué salen con sus mamadas, primero hubiéramos votado por eso-, -si quieren votamos también por saber de qué color tengo los ojos-, -oigan chicos ya cállense ¡no manchen!-, -son chingaderas-, -no estén chingando-, -¿ya vámonos no?.
La gente entra o sale cada seis segundos, van al baño, a comprarse un chesco, salen a estirarse, entran a bostezar o a contestar llamadas… los más, se envían whats entre ellos, criticando el peinado nuevo de fulana o los recientes tres pelos que le salieron en la barba a perengano.
Rosa también parece desesperada, los maestros del Colectivo salieron hace más de una hora, no esperaron siquiera a conocer el acuerdo acerca del trascendente asunto de las flores. Tiene sesenta y cuatro años, es delgada, ojos grises. No ha dicho nada desde que entró, era la única que estaba esperando adentro, en las butacas, desde las once en punto, tal como el cartel anunciaba la hora de inicio. Sobra decir que Rosa no es mexicana, es francesa, además es la única extranjera del Colectivo. En Chiapas, lleva sólo algunos meses; viviendo en México, casi nueve años, aunque no termina de acostumbrarse.
-          Míralo bien, vos Ceci, sus ojos son como dos abismos, no por profundos, sino por negros, igual de negros que mi chingada suerte, desde el día que me lo crucé por el camino
-          Ay Marianita, cómo sos de exagerada, vos siempre dándole importancia a las chingaderas de ese pinche grillo, no le hagás caso, como dice mi abuelito: hacerle caso a un pendejo es engrandecerlo.
Rosa tiene el pelo cano. Sus ojos cambian de color, heredó los ojos de su abuelo, que siempre se veían más claros y más azules luego de ser limpiados por el llanto, y parecían irse oscureciendo, hasta volverse aceitunas negras cada vez que se aproximaban los días de tormenta.
-          ¡Mira, buey! ahí esta otra vez la profe Toussaint.
-          ¿Quién dices, wey?.
-          ¡La profe Rosa, wey!, a mí me está dando clases, ¡es recabrona y bien pinche estricta!, te pregunta de toda la lectura, ¡hasta del final! pa´ ver si de verdad leíste.
Rosa tenía diecisiete años en 1968, recuerda las pláticas sobre socialismo que daban sus profes en el bachillerato artístico, recuerda su entrada a la Universidad de Historia, aquellas conferencias de Foucault y Hosbawn, las charlas con Sartre y la Beauvoir. Su generación fue de lucha radical, del feminismo de la diferencia, una generación marxista, pero peleada con el marxismo,  maoísta pero peleada con los Tribunales de Justicia de Mao, estaban en contra de todo tipo de establishment, y hoy todavía siente que su generación peleó con uñas y garras lo que otros negociaron, lo que hoy se vende por un pedacito de poder.
-          Ni te he contado, Ceci, de lo del otro día, es que el desgraciado inventó que yo había dicho que José ya estaba muy quemado, el José me reclamó cuando le dijeron y namás le dije quemado él, el otro, que anda inventando cosas y dándole las nalgas al maestro, ay pues sí, Ceci, las nalgas o la boca quién sabe qué le da, pero ellos sí que ya no tienen credibilidad.
Rosa suspira, se mesa los cabellos canos, recuerda las asambleas generales de ese entonces, se imagina las de la UNAM, imagina a Margarite Duras en el coche descapotable ondeando una bandera del Partido Comunista, acompañada por Georges Bataille y Edgar Morín. ¿Imagina o recuerda? ¿Recuerda o se imagina?
-          Ay, Marianita, es que si les tenemos miedo ellos nos ganan. No se vale que él siga siendo el secretario, sabes que ya nadie lo apoya. Todos estamos hartos de que sea tan prepotente, hartos de que esté inventando mentiras de nosotros. Tú sí podés hacerle frente, sabes que nosotros te apoyamos.

-          Pues sí pero es que, la neta, sabes que sí está muy cabrón, eso de andar acusando gente, no cualquiera, por más que tengamos los audios… No tenemos suficientes pruebas para saber de a cómo les toca al Saúl y al Toño. Yo ya les dije que no me voy a arriesgar por nadie, si no nos organizamos todos y le entramos parejo, yo no voy a arriesgar el culo.
Piensa una vez más en aquellas recriminaciones, en los juegos sucios de quienes señalaban entonces, de quienes señalan ahora, hablando de marxismo y de integridad, mientras apuntaban a otros con los dedos sucios. Hablando de lucha colectiva mientras se ocupaban sólo por llenarse los bolsillos propios. Los que se vendieron entonces, son los mismos que compran gente ahora. Los mismos, siempre son los mismos, el Saúl va para maestro, de seguro también entrará en la lucha sindical, creo que desde el mismo día en que nació se volvió político, pero de los malos. ¿Quién fue el último político bueno?
-          De veras, no sé para qué carajos entra a las asambleas, si se ve su cara de desesperada, bueno es la  cara que pone siempre, la mismita que hace en el salón.
-          ¿Ya viste cómo se le corre el rímel?
-          ¡Sí, goey, qué pedo!
-          ¡Ya cállense, pinches viejas, dejen de estar chingando!
-          ¡Uy sí! La Carlita como siempre de lameculos, defendiéndola.
Rosa cambia de posición.  Usa un delineador que no es a prueba de agua, y a estas horas del día, no sé si por el sudor o por estar a punto del llanto, pero es habitual verla con una  mancha negra cerca de los ojos. Eso le da un aspecto todavía más extraño. Se viste siempre con vaqueros muy gastados, con suéteres por lo menos tres tallas más grandes, que hasta parecen sacados de una revista de 1820, usa siempre chanclas; y es, por mucho, la más grande de todos los presentes. Encima, no usa celular, durante las Asambleas no habla nunca… y esas manchas negras alrededor, terminan por coronar ese aspecto de loca. Rosa soporta las tres horas y media de la Asamblea General, mientras piensa, imagina o recuerda, pero ya no le quedan fuerzas en el cuerpo, para qué hablar, para qué pararse, para qué salirse, para qué escapar.
Saúl declara cerrada la sesión, recordando que la escuela sigue en Asamblea Permanente en apoyo al movimiento de los compañeros.
-          Mirá, vos Ceci, es que me caga que hable por todos los demás, quién le dio la legitimidad, la autoridad, si no nos representa, si toda esa bola de corruptos no tienen ni tantita credibilidad.

-          Compañeros, antes de irse, no se olviden de que mañana a las once, es la siguiente Asamblea General.

Tiene la misma mirada de abandono que Gandhi cuando trabajaba sus tejidos, esa misma mirada de gato. Mira al cielo, con ojos oscuros, ve a los chicos alejarse. Saúl, Mariana, Ceci, ya cállense, pinches chamacos. Niñas, ¿dónde queda su sororidad? Hoy puedes ser Marianita, y  mañana Cecilia, Cathy, Lucía, Gwen, Raquel, Anna Belle o…Rose. Y siente que no le quedan más fuerzas en el cuerpo. Se aleja de prisa, está a punto de llover.







orquidea psicopata

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