viernes, 13 de junio de 2014

La soledad de mi nombre





         I
La soledad de mi nombre
vacila en la calle ancha,
se suspende del  árbol de la lujuria.
Árbol del deseo, que somos,
en el manto de la noche.
Sudor cálido y amargo.
Vino de la piel
derramado sobre el día, otra vez.

II
Toca  mi sangre animal,
piérdete en mi aliento
de  ángel fugaz.
Deja que la muerte penetre
en este instante liquido,
que el silencio nos envuelva,
 nos sepulte en su memoria.
  
Te tocaré
con la punta de la lengua.
Sonreirás
bajo la magia de la noche.

         III
Cada beso
es un espejo en la memoria,
una luz
disgregada en la vacuidad,
una palabra no dicha,
una  lágrima no llorada.

Cada beso
es un río de angustia,
por perderme en tus ojos de serpiente
por ahogarme en la cicuta de tu boca.

         IV 
El tiempo me segrega lentamente.
Pétalos blancos
reposan en el verdor de uñas,
piel de geranio.

Caigo sobre tu disfraz de labios
caigo en estalactitas de silencio
que atraviesan mi sangre venenosa.

No bastan tus manos,
tu voz, ni tu silencio,
nada hará que alcance el vuelo de la mariposa.
Lágrimas descienden por la oscuridad de mi boca.

V
Mi boca es un túnel donde navega Dios,
en saliva caliente como en el infierno.
La maquinaria de  mi cuerpo me obligará a matar
¿De qué forma?
¿Cómo besar tu ausencia sin ahogarme?
Tus manos no salvarán mi cuerpo
de la desfragmentación,
mi cuerpo se enrolla temeroso
de la ausencia de la noche.

VI
Me escondo del nimbus del deseo.
Alquimia de mi cuerpo,
labios de azufre
me transforman,
me  vuelven   hoyo pétreo,
materia obscura, asfáltica.


(2005)


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