martes, 11 de marzo de 2014

La noche de mi mal

En la vida hay amores que nunca pueden olvidarse, imborrables momentos que siempre guarda el corazón ¿pero y los que no son amores? Esa pasión rojiza que mancha  los dedos, los recuerdos, de una baba espesa. Sí la putería, quince años,  y el orgullo de querer perderlos, crecer, vivir de prisa;
y te apareciste tú, no sé quien eras, de rasgos finos, ojos dulzones, bien vestido. ¿Hacías que todas cayeran como yo? ¿Yo, sabia lo que estaba haciendo? Quería desembarazarme de esa virginidad, de esa “inocencia”, desde hace mucho había entrado en el periodo en que esas noches cálidas me impedían dormir, pero no había ningún valiente, nadie que se peleara por mi cual “caballero”, ni siquiera alguien que se desvelara un poco pensando en mi. Años sin novio, ¿y por qué? Varios después de ese primero, años sin disfrutar de esas cosas estúpidas que me hacían burlarme de los demás, de ese romanticismo barato que envidiaba tanto. Yo gimiendo por la noche, llorando por no ser el motivo de ilusión de alguno, ¿será que era culpa de mi generación? ¿Por qué todos los don Juanes que conozco están tan ansiosos de empedarse pronto, y si esa noche hay suerte y “pueden” porque la coca a sus veinte años ya los dejo impotentes.
Y apareciste tú, no podía ser otro, con esa cara de junior y esas palabras melosas ¿a quien se le escurrió decir que se deslizan como miel sobre hojuelas? Caen, si, espesas y frías deslizándose por la espalda despacio, despacito, y arden. Noche de alcohol y de besos ¿te fijaste en mí? Para confirmar que no era un sueño llamas a las ocho de la mañana, me acababa de dormir, pero esas palabras bonitas… ¿será cierto que como me contaron,  tu todavía no te habías dormido, que te habías ido al puti-club y antes de dormirte decidiste llamar con el cuento de no te olvido?... Y eso que importa… ¿Me importo entonces? Solo necesitaba saber que no había sido un sueño, que para mi también había esperanza.

Y yo que necesitaba de un Jack Keruac de su budismo envolvente, de su amor compasivo, ¿te elegí porque no confiaba en ti? Porque mis amigas de la prepa me envidiaban cuando ibas en  ese carro a recogerme, porque tenía ganas de probar hombre...
por eso ese me vestí para matar escogí un sostén negro una blusa transparente, unos calzones de encaje, como siempre  arriba un suéter y un pantalón vaquero, salí a las 10 de la  mañana de la prepa, te esperaba ansiosa, le había contado a las chicas de la prepa que quería perder la virginidad, una de ellas tenia ya tenia una hija fue la única que no se escandalizo las demás querían conservarla para aquel que las amara, pero todas dijeron que eras un desconocido tenia una semana de conocerte, pero ya había tomado la decisión.
Me saque de onda al ver que ahí estaba tu amigo Neto, me ofrecieron un ron, eran las 11 de la mañana y acepte y también una fumadita de mota. Luego él me llevo de la mano hasta su cuarto, el ritual de siempre, comenzaron los besos, no sé porque en ese momento dije no, el miedo me paralizo, el mal viaje, las imágenes… y si los dos abusan de ti, si te violan, y tu padre acariciándote las piernas, su rostro enfermo, las cosas que decía de tu madre, los insultos que salían de su boca porque no era nueva cuando la conoció….
 El dijo que ya sabía que eras virgen desde el primer día que te vio, te preguntó si tampoco habías jugado con tus dedos, siempre te trataba como a una tonta quizá porque reaccionabas de esa forma, sólo con un tímido si o no, no le hablaste del ansia desde los nueve años, de esas manos que hubo desde antes de las suyas.
Dijo  te va doler pero te va a gustar, y tu seguías seca, rota, con el miedo hecho nudo, hecho bola, paraste los besos y vino el forcejeo, luego el llanto, el miedo que seguía acalambrándote las piernas, y él tampoco entendió, y ya solo supiste que debías ayudarlo a terminar para que esa navaja cesara hiciste todo lo que te pedía con las manos, con la boca.
Y Después la culpa. Pensar que otra vez te habías equivocado ¿pero y ahora que? él se fue a la ducha y tu te quitaste el rímel que se te había corrido y sentiste tu piel pegajosa, sucia ¿por eso él se fue a bañar? Para quitarse ese asco que tú también sentías, ¿donde estaba tu seguridad, tu alegría de haberlo elegido? Neto apareció de nuevo, sabias que de seguro había escuchado todo, cuando estabas pataleando, cerrándote, seca, reseca ¿porque entonces no vino? porque ahora con esa sonrisa de: no sé nada, “solo vine para decir que tengo hambre”. Nos fuimos a un botanero, con la primera cerveza me caí al salir del baño, me llevabas de la mano preguntando si me sentía bien.
Al día siguiente cabizbaja les contaste la anécdota a las chicas, si eso era hacer el amor para qué hacerlo, les enseñaste algunos de los moretones en tus piernas, te preguntaste tonta, si un momento antes cuando dijiste no, tenias el derecho de parar.
 Ellas también opinaba que no, que todo se había consumado desde antes cuando ese día por la mañana habías tomado una determinación, además dijeron “como no se iba a poner cachondo como un perro si ayer trajiste esa ropita…” claro, era tu culpa.
Y aunque pensaste que sólo le servirías para una vez, te llamo de nuevo, una y otra y otra vez, acudías a él primero solo para verlo omitiendo el odioso detalle de la penetración después ya no dolía, después sólo el placer y en la escuela las ganas de tenerlo que te sacudían.
¿Fue bueno mientras duro? Aunque tu prima te dijera que se había acostado con ella y con su amiga y la otra y otra, y otra, con la maestra, aunque te enseñara su colección de fotos, solo mujeres guapas en fiestas, sonrientes, frescas. ¿Qué hacías tú ahí? Con tu complejo de inferioridad, con tu carne insulsa, le dabas las gracias cada vez que lo veías, sí, habías tomado la decisión correcta, lo sabías cuando él te amaestraba “pon la piernita aquí, y la otra allá” así querías vivir el amor, necesitabas de su lejanía, de su falta de cariño, de su mordacidad cínica y de sus comparaciones, y a pesar de que dijiste que no te ibas a enamorar él, de ese desconocido, tu no sabías que no eras como él, no sabias que no te iban a bastar tus ganas de no amarlo para frenar tus ilusiones, para no hacerte castillos en el aire como la niña de quince años que en realidad eras.
Por eso fue que me viste tan tranquila caminar serenamente bajo un cielo más que azul, después ya vez camine hasta donde pude y termine llorando a mares, donde no me vieras tu… si yo te hubiera dicho no te vayas, que triste me esperaba el porvenir, si yo te hubiera dicho no me dejes, mi propio corazón se iba a reír.

imagen: Tolouse de Lautrec

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