martes, 11 de marzo de 2014

No te salves María.

De ella lo conocía todo, y cuando digo todo me refiero a eso, o al menos así fue durante un tiempo.
La observaba de lejos, en la calle, cerca de su casa. Los pantalones rojos, los alfileres prendidos por todos lados, los labios coloreados por tonos mate, el pelo blanco, a veces plumbago, azul añil o verde espora. Y a pesar de esa mala cara, o de la forma en la que la había visto patear el pan de vuelta a casa, supe que seriamos amigas.
Cuando empecé a frecuentar tu casa, pasaba por ti para ir a la escuela por la mañana, y aún estabas a punto de cambiarte, veía tus pechos diariamente, perfectamente erguidos y redondos, llegue a pensar que lo hacías a propósito, aunque en el fondo supiera que no era así, que simplemente no te dabas cuenta, (de eso como de muchas otras cosas), quizá era por tu dosis excesiva de cannabis mañanero. Te admiraba abiertamente y hacía  algún comentario como: “saco, nena, ¡no mames! tienes las chichis bien bonitas”. No respondías, tampoco sé si me escuchabas. Quizá tu mente era como tu voz a esa hora de la mañana, pastosa y lenta, tanto como la porción de mota que hubieras fumado al despertar, solo la necesaria para funcionar, para ser tu, para ser esa en la que te ibas convirtiendo poco a poco. Por eso olías a mala noche y aun tenías los ojos sucios, conservabas aún capas de rímel.
Nunca entendí como podías verte tan bien si nunca te desmaquillabas, te limitabas a colocar capa tras capa de pintura rosa, morada o gris, alternativamente. Para mi eras un personaje de película, mi Betsy gibons con un aire de Umma thurman. Y eso también te lo decía, te decía todo. También tu hablabas lentamente y yo creía entender y asimilar las sensaciones cada vez que narrabas tus aventuras de esa noche, y me describías a tu conquista más reciente “no mames nena, yo estaba ebria y no sé, pero veía (al chino, al oso, al meco, al jaibo…) bien hermoso, me fui con él,  y  ese guey esta bien chido” siempre era bueno la primera vez, siempre un poco de odio y un poco de amor, siempre un beso de ginebra con olor a tabaco recién nacido y a noche húmeda.
Yo creía entender cual era la hora justa en la que los patanes muestran su galantería y su caballerosidad con un sutil “te llevo a casa” también hablábamos de Hesse, de Nietzsche, de Dostoievski, del Ramayama y del nepente. Nos sentíamos estrellas rotas  y era difícil no sentirse una estrella negra en ese cuanto diminuto de 1.60 de alto por 1.30 de ancho, donde solo cabía tu cama y una cómoda, sin embargo el ambiente era más amplio, como la comodidad de una tumba, o de una funda de guitarra hecha a la medida.
Era aterrador y hermoso; el foco rojo, una pared rosa, la otra negra y la del fondo tapizada por un collage lleno de paisajes, de desiertos, oasis y lagunas… del lado rosa había un espejo y una grabadora colgada del marco de la ventana donde también descansaba el arsenal de maquillaje colorido y la cajita de alfileres. Fotos sensuales plagaban la habitación, mujeres exóticas, modelos más flacas que las calaveras de Posadas y hombres maduros, hombres jóvenes, hombres, hombres. Justo antes de conocerlo a él pusiste el poema de Benedetti en letras blancas sobre la pintura negra:

“No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el jubilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma

No reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los parpados
pesados como juicios

 No te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
 no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

Pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el jubilo
y quieres con desgana
 y te salvas ahora
y te llenas de calma
 y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los parpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo ”
ese fue el conjuro que le abrió la puerta a él y a ti te precipito hacia la locura.

II

Te perdí, como tú habías perdido a muchas otras. A Natalia con el “síndrome del pollo” con sus manos flacas de dedos temblorosos, buscando crack sobre toda superficie, como a Cristina con el té de floripondio, como a Claudia en la mañana de hongos, todas nosotras habíamos pasado por experiencias peligrosas, como la noche en la que Martha apenas días después de parir, salió con nosotras, se tomo casi un galón de posh de durazno,  llevaba una falda corta, y una blusa negra que se amarraba por detrás, la falda la llevaba por los hombros, la blusa desanudada, con los pechos al aire, la mirada vidriosa y la faja de color carne que su hermana le había colocado.
En ese entonces tú ya estabas con él, en ese cuarto de azotea que más bien parecía una galera, una pocilga para el ganado, un gallinero con su techo de lámina, paredes de madera y esas fotografías de muchachas rubias pegadas en los muros, con el gusto típico de un taller mecánico.
 Él también estaba ahí, con la selecta concurrencia de nuestras amistades mientras Martha lloraba y nos pedía que la tocáramos, refregó sus pechos en mis manos, en las manos de los 5 o 6 que estábamos ahí, intenté calmarla, hasta que se golpeó la frente, te tiró un perfume, te encabronaste, (ya comenzabas a presentar ese comportamiento típico de todo adicto) hasta que logramos que se durmiera y la tapamos.
Lo peor fue que al día siguiente, antes de que cualquiera se hubiera despertado, se levantó, se lavó en ese baño comunitario, viejo como todo en esa casa, con calentador de leña, y en vez de irse a su casa con la intención con la que salió, al llegar a la esquina se encontró a tres gringos, se subió a su camioneta blanca, y por fin, después de haber rogado durante toda la noche anterior, consiguió que la tocaran, y que con los ojos vendados, según nos dijo, se la cogieran los tres, uno detrás de otro. Sigo buscando en internet algún video dónde encuentre su cara.
(Véase: Adolescentes/ Latinas/ Morenas/Casero/ Orgías/ Teens).
Pero no fue Martha una de esas ovejas descarriadas, ella tenía quien la esperara en casa, mientras cuidaba a su niña recién nacida, quien le abriera la puerta con un regaño, aunque no tuviera a su padre ni a su madre, tenía a su hermana. Pero tú no tenías a nadie, quizá eso influyó en que nunca emprendieras el camino de regreso, sólo esa ida, sólo el precipicio de jeringas y peleas, tú como siempre seguiste hacia adelante.

III

Lo conociste el día de tu cumpleaños, yo sabía lo que significaba festejar, sabíamos que durante toda esa semana teníamos licencia para emborracharnos hasta quedar vomitadas, orinadas e inconscientes, la mejor peda del año. Y en esa fiesta de celebración, te perdí de repente, estuve llamando a tu casa toda la tarde para felicitarte, yo no pude salir y seguiste la farra durante los días siguientes, cuando te escuché ya sentí que hablaba con otra, no eras ya la María de siempre, tu voz sonaba como desde un túnel, de túneles me hablaste, me contaste del “sunshine”, de como lo conociste, de cómo apareció en la fiesta con el DMT, de cómo les contó que se iba al desierto durante 6 meses a buscar los sapos y les quitaba las escamas, los otros meses se dedicaba a rolar lo que traía, te dijo que era chef, te dijo que tenía una pistola, te dijo que había matado a 3 o 4 gueyes, en defensa propia, que su papá era un ex trabajador de PEMEX, te dijo lo que básicamente me repitió a mí y a todo ser humano que osaba cruzarse por su camino.
 Véase  Wikipedia, la Enciclopedia Libre: “La N,N-dimetiltriptamina (DMT) es el alucinógeno más potente que existe, se encuentra de forma normal en la naturaleza, pertenece farmacológicamente a la familia de la triptamina.. Cuando se refina, la DMT es un sólido cristalino de color blanco. Su uso oral entre humanos es posible gracias a la sinergia entre un IMAO (inhibidor de la monoaminooxidasa) y plantas con la triptamina como la Mimosa hostilis o la Psychotria viridis. La DMT se metaboliza de forma muy rápida, volviéndose inactiva por vía oral, debido a la monoaminooxidasa. Los últimos estudios indican que la DMT juega un rol fundamental en el sistema nervioso humano como regulador del receptor SIGMA.
 Me contaste que viste un túnel, que ahí estaba él con el poema  de Benedetti escrito en su antebrazo: “No te quedes inmóvil al borde del camino, con el no te salves, no te llenes de calma, no reserves del mundo  sólo un rincón tranquilo, no dejes caer los párpados pesados como juicios, no te quedes sin labios”, me contaste que en el viaje habías visto que era él el hombre de tu vida, el orgasmo y la revelación todo había ocurrido a la velocidad del rayo, me llamaste dos días después cuando llegaste a casa por algo de ropa, y te fuiste...

IV

Después vino la mudanza interminable, de cuartos con gradas, pisos sucios, niños descalzos, gritos ajenos, latas de leche (¿Por qué latas de leche?, ¿de dónde las sacabas?) llenas de jeringas que se desparramaban y se quedaban esparcidas por el piso, épocas de vacas flacas, de Marías flacas, de galones de posh, de madrugadas de hongos, con la rapidez de un día en la que esnifas coca, con toda esa velocidad blancuzca. Entonces conocí a Pedro con sus 27 años mal llevados, tanto que parecían 40, su piel ceniza, su alopecia prematura, sus ojos dilatados, su titulo arrugado y su pasaporte que presumía a todos. Pedro “el shunshine”, que hacía de todo menos resplandecer, todo menos brillar como un loco diamante.
Vinieron los días en que llegabas a mi casa sin que luego te acordaras, con los ojos húmedos y la cabeza vaga, para pedirme un sándwich, las tardes en las que me llamabas para que fuera a visitarte y te llevara un kilo de alguna fruta, vino la época en la que sólo te alimentabas de plátanos y  de posh, valiente tú, que ahora vivías como el personaje del Almuerzo Desnudo, la china de la interzona que se alimentaba de té y azúcar. Vino el comportamiento típico de adicto. Pedir amablemente, exigir, pidiendo lo que crees que mereces, vinieron los prestamos, y el dinero, el maldito dinero, y  on the road llegó tu panza y vino Pauch, (ojala su nombre fuera una ficción).
Véase Traducción de "pouch" en español: bolsa/ petaca /zurrón.
El niño sucio de ojos de susto, de pies fríos, de pies descalzos que mira con ojos vacios y redondos, expresivos como los de las vacas antes de morir. Pero la avalancha ahí tampoco se detuvo, siguieron los monos sagrados del ramayama, ahora como identidades reales plagando tu realidad, y hare hare Krisna Krisna. Hare Krisna hare Krisna, con los labios morados, partidos de tanto morderte el odio y prodigar el amor, de tanta mierda que comenzaba a  ennegrecerte, a podrirte ¿la mierda de él? ¿O la tuya? ¿La mierda de quien? La mierda nuestra de cada día.

V

No sé si ahora tú seas más feliz que yo, más fuerte, mas completa… si tú lograste lo que las dos queríamos, tocar el fondo, ser la flor de loto que nace entre la porquería y desde el lodo emerge y asciende hasta la luz, y respira como sólo lo hacen las personas que saben que han estado cerca de la muerte.
Tal vez tú hayas cumplido con los sueños de rockstar de las dos, me pregunto si uno debe salir de la tumba una vez que ha cavado tanto hasta poder refugiarse ahí adentro, “El topo el un animal que cava galerías bajo la tierra buscando el sol; A veces su camino lo lleva a la superficie, cuando ve el sol, queda ciego” quizá tu lugar,  nuestro lugar, este con los leprosos de la edad media, en las tumbas en las que se les declaraba muertos antes de que lo estuvieran.
¿Estas tú realmente más muerta que yo? ¿Por qué soy yo la que carga con la insatisfacción? con el miedo, con el terrible miedo de caer, de equivocarme, de tomar una sola mala decisión,  la que sigue disgustada con cada una de las reacciones, de cada acción, la que espera, la que espera más de sí misma que de los demás, la que se decepciona de no ser nunca lo que debiera, la que aún piensa en las ganas de hundirse, la que sueña con revolcarse por el suelo, con las cosas que nunca podrá hacer.
Eres tú la que he soñado, la muñeca de cristal que se estrella contra las rocas, en la playa, la muñeca que se raja y muestra la baba oscura de su interior, aquella del modelo para armar, y ahora pienso que tal vez la muñeca debía romperse, debía hacerlo para escapar, para sobrevivir a la muerte, para ya no tener miedo.
Ayer me corté para ver si todavía siento”, pero de nada sirven esas pequeñas cicatrices, esta bien, no moriré sin cicatrices, mis pequeñas batallas,  donde la navaja lucha contra la piel, no sirven para nada, porque yo me cortaba para curarme, para poder derramar alcohol sobre la piel caliente, para reconocer el dolor de la felicidad, porque en verdad me quiero mucho, como siempre solías decirme,  no me cortaba para morir, me cortaba para sangrar, para ahuyentar al mal, para refugiarme.
Yo no salte hacia el vacío, yo no mordí el polvo, yo no huí, yo no baile con la muerte en ningún cementerio frió, no me volví la puta de ningún poema, me salve, me pensé sin  labios y me dormí sin sueño.
Yo no me abrí, me he conservado integra, te abandone y creo que me arrepiento de esa decisión más de lo que debes arrepentirte tu. Pero no podría ser de otra manera, la carga siempre será pesada sobre mí, y tú seguirás corriendo ligera en esa playa, libre hacia la noche, hacia la tumba en la noche más cerrada, sin estrellas.


La noche de mi mal

En la vida hay amores que nunca pueden olvidarse, imborrables momentos que siempre guarda el corazón ¿pero y los que no son amores? Esa pasión rojiza que mancha  los dedos, los recuerdos, de una baba espesa. Sí la putería, quince años,  y el orgullo de querer perderlos, crecer, vivir de prisa;
y te apareciste tú, no sé quien eras, de rasgos finos, ojos dulzones, bien vestido. ¿Hacías que todas cayeran como yo? ¿Yo, sabia lo que estaba haciendo? Quería desembarazarme de esa virginidad, de esa “inocencia”, desde hace mucho había entrado en el periodo en que esas noches cálidas me impedían dormir, pero no había ningún valiente, nadie que se peleara por mi cual “caballero”, ni siquiera alguien que se desvelara un poco pensando en mi. Años sin novio, ¿y por qué? Varios después de ese primero, años sin disfrutar de esas cosas estúpidas que me hacían burlarme de los demás, de ese romanticismo barato que envidiaba tanto. Yo gimiendo por la noche, llorando por no ser el motivo de ilusión de alguno, ¿será que era culpa de mi generación? ¿Por qué todos los don Juanes que conozco están tan ansiosos de empedarse pronto, y si esa noche hay suerte y “pueden” porque la coca a sus veinte años ya los dejo impotentes.
Y apareciste tú, no podía ser otro, con esa cara de junior y esas palabras melosas ¿a quien se le escurrió decir que se deslizan como miel sobre hojuelas? Caen, si, espesas y frías deslizándose por la espalda despacio, despacito, y arden. Noche de alcohol y de besos ¿te fijaste en mí? Para confirmar que no era un sueño llamas a las ocho de la mañana, me acababa de dormir, pero esas palabras bonitas… ¿será cierto que como me contaron,  tu todavía no te habías dormido, que te habías ido al puti-club y antes de dormirte decidiste llamar con el cuento de no te olvido?... Y eso que importa… ¿Me importo entonces? Solo necesitaba saber que no había sido un sueño, que para mi también había esperanza.

Y yo que necesitaba de un Jack Keruac de su budismo envolvente, de su amor compasivo, ¿te elegí porque no confiaba en ti? Porque mis amigas de la prepa me envidiaban cuando ibas en  ese carro a recogerme, porque tenía ganas de probar hombre...
por eso ese me vestí para matar escogí un sostén negro una blusa transparente, unos calzones de encaje, como siempre  arriba un suéter y un pantalón vaquero, salí a las 10 de la  mañana de la prepa, te esperaba ansiosa, le había contado a las chicas de la prepa que quería perder la virginidad, una de ellas tenia ya tenia una hija fue la única que no se escandalizo las demás querían conservarla para aquel que las amara, pero todas dijeron que eras un desconocido tenia una semana de conocerte, pero ya había tomado la decisión.
Me saque de onda al ver que ahí estaba tu amigo Neto, me ofrecieron un ron, eran las 11 de la mañana y acepte y también una fumadita de mota. Luego él me llevo de la mano hasta su cuarto, el ritual de siempre, comenzaron los besos, no sé porque en ese momento dije no, el miedo me paralizo, el mal viaje, las imágenes… y si los dos abusan de ti, si te violan, y tu padre acariciándote las piernas, su rostro enfermo, las cosas que decía de tu madre, los insultos que salían de su boca porque no era nueva cuando la conoció….
 El dijo que ya sabía que eras virgen desde el primer día que te vio, te preguntó si tampoco habías jugado con tus dedos, siempre te trataba como a una tonta quizá porque reaccionabas de esa forma, sólo con un tímido si o no, no le hablaste del ansia desde los nueve años, de esas manos que hubo desde antes de las suyas.
Dijo  te va doler pero te va a gustar, y tu seguías seca, rota, con el miedo hecho nudo, hecho bola, paraste los besos y vino el forcejeo, luego el llanto, el miedo que seguía acalambrándote las piernas, y él tampoco entendió, y ya solo supiste que debías ayudarlo a terminar para que esa navaja cesara hiciste todo lo que te pedía con las manos, con la boca.
Y Después la culpa. Pensar que otra vez te habías equivocado ¿pero y ahora que? él se fue a la ducha y tu te quitaste el rímel que se te había corrido y sentiste tu piel pegajosa, sucia ¿por eso él se fue a bañar? Para quitarse ese asco que tú también sentías, ¿donde estaba tu seguridad, tu alegría de haberlo elegido? Neto apareció de nuevo, sabias que de seguro había escuchado todo, cuando estabas pataleando, cerrándote, seca, reseca ¿porque entonces no vino? porque ahora con esa sonrisa de: no sé nada, “solo vine para decir que tengo hambre”. Nos fuimos a un botanero, con la primera cerveza me caí al salir del baño, me llevabas de la mano preguntando si me sentía bien.
Al día siguiente cabizbaja les contaste la anécdota a las chicas, si eso era hacer el amor para qué hacerlo, les enseñaste algunos de los moretones en tus piernas, te preguntaste tonta, si un momento antes cuando dijiste no, tenias el derecho de parar.
 Ellas también opinaba que no, que todo se había consumado desde antes cuando ese día por la mañana habías tomado una determinación, además dijeron “como no se iba a poner cachondo como un perro si ayer trajiste esa ropita…” claro, era tu culpa.
Y aunque pensaste que sólo le servirías para una vez, te llamo de nuevo, una y otra y otra vez, acudías a él primero solo para verlo omitiendo el odioso detalle de la penetración después ya no dolía, después sólo el placer y en la escuela las ganas de tenerlo que te sacudían.
¿Fue bueno mientras duro? Aunque tu prima te dijera que se había acostado con ella y con su amiga y la otra y otra, y otra, con la maestra, aunque te enseñara su colección de fotos, solo mujeres guapas en fiestas, sonrientes, frescas. ¿Qué hacías tú ahí? Con tu complejo de inferioridad, con tu carne insulsa, le dabas las gracias cada vez que lo veías, sí, habías tomado la decisión correcta, lo sabías cuando él te amaestraba “pon la piernita aquí, y la otra allá” así querías vivir el amor, necesitabas de su lejanía, de su falta de cariño, de su mordacidad cínica y de sus comparaciones, y a pesar de que dijiste que no te ibas a enamorar él, de ese desconocido, tu no sabías que no eras como él, no sabias que no te iban a bastar tus ganas de no amarlo para frenar tus ilusiones, para no hacerte castillos en el aire como la niña de quince años que en realidad eras.
Por eso fue que me viste tan tranquila caminar serenamente bajo un cielo más que azul, después ya vez camine hasta donde pude y termine llorando a mares, donde no me vieras tu… si yo te hubiera dicho no te vayas, que triste me esperaba el porvenir, si yo te hubiera dicho no me dejes, mi propio corazón se iba a reír.

imagen: Tolouse de Lautrec

Círculos

Hace sólo un mes que se había encontrado con él y ante su pregunta había respondido sin vacilar, que era feliz.  Hoy, sentada sobre la cama, sintiéndose como una anciana de 23 años, se daba perfectamente cuenta de que la había mentido o peor aún de que continuaba queriendo engañarse a sí misma.
  A pesar de todo, quizá la felicidad era un estado de estupidez máxima alcanzable sólo para espíritus “sencillos”, o tal vez fuera el estado supremo al que llegaban sólo los iluminados, como fuera, Lydia se encontraba igual que siempre gravitando despacio, lentamente y permanecía lo suficientemente lejos de esa lejana galaxia llamada felicidad.
Juan había marcado una etapa importante dentro de su vida, le había roto la madre, o mejor dicho el corazón y las ilusiones (pero no el himen). La mayoría de todas las cosas estúpidas que había hecho desde los 13 años hasta los 18, tenían su origen en él. En este ser que hoy le parecía gris, difuso y que hoy se acercaba a ella con una sonrisa estúpida de borracho.
-¿Te acuerdas de mí?- Le dijo. -Lo ultimo que supe de ti fue que te fuiste a vivir fuera ¿cómo te fue?, ¿eres feliz?-
Nunca habría esperado oír de él esa pregunta, y no porque lo considerara tan superficial como para ser capaz de preguntárselo, sino porque no creía que le importara.
Recordó de pronto todas las borracheras, las veces que había hecho el ridículo llorando por él en público, se vio acurrucada y sola en su cama,  rezando por que él le tocara la mano, por que deseara besarla, preguntándose cuál era ese defecto enorme que hacía que él saliera con la mayoría de las demás chicas de su clase pero  no con ella, se vio pidiendo frente al espejo sólo un poquito se su aceptación. Durante años Lydia ha pensado que ella había sido una sombra y que él nunca se había percatado de que ella estaba ahí.
Respondió –Sí-, sin titubear, y de inmediato añadió: Te presento a mi esposo, se dieron la mano y Juan hasta murmuro un: felicidades,  entre dientes.
Lo dijo con un orgullo secreto, porque aún permanecía orgullosa del espécimen que a su lado tendía la mano con el seño fruncido, ese que desde hace 4 años compartía su cama. Era más alto que Juan, más pálido, igual de mudo y también músico, una versión mejorada de lo que él había representado en su vida, con la pequeña diferencia de que él sí la quería.
 Ella sonreía como percatándose de que por primera vez era el centro de su atención, le preguntó si había terminado su carrera, si  seguía tocando la guitarra, él respondió a todo con respuestas vagas, un sí y un no alternativos, tenía los ojos incendiados y de repente dijo que se sentía perdido.
Ni siquiera cuando Lydia lo había invitado a salir y habían estado durante horas sentados en el frío banco de una plazuela ella lo había oído con tal ataque de sinceridad y efusividad.
De repente se oyó en el bar una canción de Pearl Jam, la banda favorita de Juan, la banda que ella idolatró durante un tiempo sólo porque se lo recordaba, incluso pensó en la vez en la que fue a ver a su casa la cinta de VHS que el había grabado del concierto que días antes habían venido a dar a México.
Entonces ella tendría 14 años y era virgen, pero aún hoy recuerda la excitación que le provocaba estar sentada a su lado, la vergüenza que sentía preguntándose si él se daba cuenta de su respiración entrecortada. Pero como siempre ese día Juan ni siquiera le tocó la mano, ni esa vez ni ninguna otra, todo se quedo en sensaciones, fantasías y deseos frustrados.
Lo escuchó decir que sí recordaba la canción - Hay Cosas que nunca se olvidan- añadió, y le preguntó que edad tenía -veintitrés, dijo Lydia- y el dijo que tenía 28,  siempre fueron 5 años, dijo.
De repente Lydia preguntó: -¿Tú pensabas que yo era rara?- Juan la miro, ella se preguntaba si antes alguna vez lo había hecho, porque recordaba que su mirada siempre había sido esquiva y que pasaba sobre ella como si fuera transparente. Él le dijo que no, que nunca había pensado eso y la abrazó como ella pensó que nunca iba a hacerlo, con ternura y con cariño, como si todo este tiempo la hubiera apreciado y murmuro: -que seas feliz-igualmente y suerte, le dijo Lydia.
Por un momento se sintió reconciliada con ella misma, como si pudiera perdonarse por no haber sido lo que él esperaba, y más aún, lo que ella quería. Sintió calor y una felicidad un tanto estúpida, por ser quien era, y por estar parada en donde estaba, por las decisiones que había tomado y por sus cicatrices de guerra.
Se alejó de él, del Juan que nunca había sido suyo, y le pareció más gris, más desdibujado, más borracho, más perdido y más triste en la medida que ella se alejaba, lejos, a cinco metros, donde ella podía girar en su propia orbita y en su propio espacio gravitacional.
Los círculos siempre se cierran.