martes, 25 de junio de 2013

El oficio de Remedios




Tan lento como el movimiento de su mano deslizándose despacio hasta la aguja.
Remedios permanece en el centro de la habitación con los ojos llorosos, quizá debido al exceso de luz, quizá por el esfuerzo que hace continuamente forzando la vista para enhebrar.
¿Se diría que Remedios es una efigie de la modernidad, un dios absurdo?
Sus dedos tiemblan, más no para ni cuando sus cutículas sangran, tampoco al estornudar. Se concentra sólo en el lento movimiento de su brazo al ensartar el hilo. Se levanta y lo coloca sobre cualquiera de los muros, están cubiertos de  algodón. El cuarto es un enorme cojinete azul para poner agujas.
Remedios se sienta y de prisa toma con cuidado una aguja más de cesto que contiene un  número incontable.

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