martes, 25 de junio de 2013

Poenimio


Desconfiar de todos
Confiar en nadie,
N-a- d- i- e
Son silogismos,
Premisas básicas,
única forma
De sobrevivir.
La desconfianza es
Común acuerdo
Solo los perros se entienden
Mientras el diablo danza
 y une sus negras pieles. 


Compañeras de clase:





Son las dos de la tarde y el sol pesa sobre mi frente, quema mis pulmones, las dos de la tarde y tú con ese gesto idiota te levantas y subes tus pantalones, tal vez para que tus cintura se marque todavía mas, sonríes y sales apresurada del salón de clases, corres junto con la horda de estudiantes,
Mariana con tus diecinueve años, tu hija de cuatro y tu ex marido militar eres la antítesis de lo que yo elegiría para mi vida, ¿Qué es lo que yo elegiría? Sin embargo me caes bien.
Adriana por qué sales a la carretera corriendo, agitas los músculos de la cadera, de la  cara y sonríes como una “miss” a cada sardo. La zona militar está cerca de aquí,  a veces pienso que por eso escogiste esta escuela.  Pero hoy es un día especial, hoy no nos quedaremos paradas a la orilla de la carretera agitando los brazos pidiendo un aventón al centro. Hoy ya está esperándonos tu amigo Antonio, subo a la camioneta blanca, atrás, lo saludas y le dices que hoy voy a ser su hija, es mi amiga Marcela dices, Toño apenas me mira, yo lo observo bien, el corte casi a rape, moreno de pelo hirsuto, ojos aindiados y sonrisa vertical. Me pregunto qué hago aquí, por qué no te dejo ir sola, correr tras la desgracia. Pero ya estamos en camino, la curiosidad mató al gano, y yo ardo de ganas de ir al puti por primera vez, quiero conocer el bar  “gatitas” aunque sea de día.
Antonio se estaciona cerca del panteón, bajamos y descubro un espacio incierto, dónde están las luces, la piel de víbora, el terciopelo rosa… sólo veo un piso de cemento gris y unas sillas de la chuperior, vamos hasta la barra, el barman esta acomodando las chelas que  acaban de traer, a siete leguas también se notaría que es gay, nos dice que se lleva bien con todas las muchachas, nos enseña un video de su celular, una rubia despampanante se arregla el pelo en el baño, luego entra en acción una morena menudita, se dan un pico y el video termina. Es Deyanira y Betty dice.
Qué chingados hago aquí me digo, menor de edad en una casa de citas, sólo falta que nos caiga la tira, sólo falta que nos encierren, eso nos pasa por  venir a una casa de trata de blancas, por qué dirán de blancas, no habrá morenas, la tal Betty esta renegra.
Antonio entra al cuarto de las chicas, dice que están dormidas, no nos va a poder presentar a nadie, nos suelta el rollo de que hay muchas chicas que viven aquí, que también estudian, nosotros también podríamos si quisiéramos, todo muy sutil, todo lo dice sin asustarnos, el cantinero sonríe. Te  imagino bajando las escaleras, y en medio del escenario que ahora si ya descubrí, y ahí esta el peluche color celeste y la organza que cuelga del techo con estrellitas de color rosa, nada que ver con esa rubia, tu rostro es tosco, pero quizá esas caderas de color prieto, y tú agitándolas como siempre. Mariana, por fin dice que nos tenemos que ir, qué alivio, respiro hondo. Yo aquí me quedo les digo y me bajo en el centro de prisa, mi mamá ya debe estar encabronada.

El oficio de Remedios




Tan lento como el movimiento de su mano deslizándose despacio hasta la aguja.
Remedios permanece en el centro de la habitación con los ojos llorosos, quizá debido al exceso de luz, quizá por el esfuerzo que hace continuamente forzando la vista para enhebrar.
¿Se diría que Remedios es una efigie de la modernidad, un dios absurdo?
Sus dedos tiemblan, más no para ni cuando sus cutículas sangran, tampoco al estornudar. Se concentra sólo en el lento movimiento de su brazo al ensartar el hilo. Se levanta y lo coloca sobre cualquiera de los muros, están cubiertos de  algodón. El cuarto es un enorme cojinete azul para poner agujas.
Remedios se sienta y de prisa toma con cuidado una aguja más de cesto que contiene un  número incontable.

sábado, 15 de junio de 2013

Resistir



Los huesos duelen, duele no tener nada más que ofrecer, cuánto puede dar de sí esta realidad apagada, esta mentalidad achatada, colorida e innoble de mi país.
Yo nunca quise engañarte, pero me avergüenzo igual por todos aquellos que han querido comer de tu mano como perros sin reserva, barriles sin fondo, como hombres de fe.
Yo no quise engañarte ni engalanar con mieles esto que tanto conozco, este ardor por nunca llegar al fondo tras el telón  ¿Cuál fondo? ¿Existe?
La belleza nunca es inocente y allá están las orquídeas que se marchitan el suave perfume del zapote, lejano, ausente, y esos bellos colores que relumbran al principio, no se apagan, pero te acostumbras y cuando buscas algo de fondo entre su forma te chocas de nuevo contra la nada inmensa, la nada innata a toda realidad humana y a veces yo también extraño el gris, el gris metálico de la estación de trenes, el chirrido gris, el piso de motas grises de los vagones, el gris grasiento del pasamanos, la monotonía cromática de los edificios, las luces blancas, la nobleza gris, la sinceridad grisácea. ¿Será que el gris es un color más transparente, que refleja mejor ese color de la nada cotidiana que esta puta ojerosa y pintada, coloreada de verdes y tan puta, tan putamente vendida, tan hipócritamente puta? ¿Qué color hay dentro de mí? ¿Basta para que sea una gota de miel en tu boca cada día? cierra la boca y guárdala (si acaso existe esa dulzura) apriétala debajo de tu lengua, resiste, no la dejes ir,  a pesar de que duela y de que yo a veces tenga las pestañas mojadas, sólo quiero permanecer en ti, podemos huir a cualquier rincón del mundo si te hartas, porque siento que nada me ata más a la vida que tu mano aferrando la mía, tu mano, mi ombligo del mundo.