sábado, 7 de mayo de 2011

Un poco de ácido




Dicen que la existencia pesa. Pero en este país en el que yo no era nadie, mi peso físico aumentaba cada día pues sobre mis hombres cargaba el peso de la inexistencia.
Represento la vida de los nadie, de los escritores latinoamericanos obsesionados con la revolución, de las mujeres latinoamericanas obsesionadas con el poder ser, pero ante todo represento un sudaca. Porque sólo existe Sudamérica. Porque nos dejan huérfanos. Porque nos privan de nuestra verdadera madre patria, faltos de Centroamérica, de Norteamérica meridional.
Soy un sin patria, un come mierda que vino a mejorar su vida, uno de los que huye de la suciedad sin darse cuenta de que la lleva pegada al cuello, la guarda debajo de las uñas.
Yo, una morena latinoamericana, el perfecto equivalente de una mujer caliente, de esas que dicen llevan integrado un brasero encendido entre las piernas.
Extirpan mis raíces con su desconocimiento, me mutilan sus ganas de no saber. Negando mis pirámides barren mi historia.
Mi orgullo me impide aceptar que yo no tengo nombre. Mi orgullo me hace desear, necesitar que intenten expiar su culpa ¿Cuál? Su conciencia histórica ha sido velada, pocas cenizas todavía permanecen calientes, pocas mentes todavía arden. ¿Queda algo de esa guerra celebrada en otro continente? En ese lugar saqueado, vaciado, quemado, sobreexplotado. ¿Qué queda en el vientre rajado de esa mujer manchada de sangre, de esa niña violentada, manchada?
Y aunque Paz diga que no hay nada peor que el ninguneo mexicano, para mí el peso no de ser ninguno, sino de ser un nadie es como el eco de una explosión, el eco de una masacre, resuello que en una galaxia lejana todavía no está extinto, y todavía duele.







Este texto no va dedicado a todos aquellos que me han abierto puertas, que me han tendido una mano amiga, aquellos que me han enseñado a comprender, con los que he compartido una sonrisa sincera, un abrazo fraterno.
Este texto nace de mi rabia ante la estupidez de aquellos que todavía, muchas veces sin darse cuenta, contribuyen a formar una sociedad segregada, ellos quienes desconocen la historia y sobre todo la niegan. Aquellos que todavía atizan esas heridas profundas que han causado la ignorancia, el ansia de supremacía y la diferencia de raza. Ellos, quienes son incapaces de compartir. Los imperialistas, los que creen en tratados de imposición ideológica, los que dicen adorar la libertad pero no hacen nada por cultivarla. Esos que se sienten orgullosos de su “patrimonio cultural”, de su gastronomía, de su riqueza, sin darse cuenta de que no sería tan rica sino se hubiera nutrido del ombligo de América, de Asia, del mundo.
Porque España nos hizo un regalo muy valioso, el lenguaje, este animal alado que amamos y labramos. Porque esta mi voz amarga podría nacer desde un africano, un árabe, un afroamericano, desde cualquier minoría racial, desde cualquier grupo que históricamente haya sido victima de un menosprecio étnico.
Porque todos somos productos de un sincretismo cultural. No al choque de culturas.



2 comentarios:

  1. Un texto muy duro que merece mi mas sincera enhorabuena. Un saludo compañera.

    ResponderEliminar

¡Agradezco sus comentarios y sugerencias para mejorar¡