jueves, 28 de abril de 2011

Las malas lenguas

Dicen que México es un lugar peligroso. Los científicos dicen que nuestras piernas no están hechas para caminar. Dicen que Guatemala no existe. Yo solo escucho el ruido, sólo oigo en esta casa de locos. Imagino es aspecto de esa niña. A la madre la conozco, sé que se llama Martha, no es gorda sino más bien hinchada, siempre está ojerosa. Repite dos o tres veces cada una de sus frases: “hasta luego, hasta luego”,  como un eco. Su marido se llama Antonio, a él lo veo más a menudo, su sonrisa es retorcida y simiesca, sus ojos extraviados no producen compasión ni miedo. A la niña no la he visto nunca, sólo la oigo a mediodía,  a medianoche. Su llanto sobrenatural me recuerda la película cabeza borradora, su llanto no debiera llamarse de esa forma.
Es increíble que un pequeño ser humano pueda emitir esos chillidos. Viven con los cerrojos echados, con las persianas bajadas, sumidos en la absoluta oscuridad, no hablan, parecen no conocer un lenguaje articulado, sólo gritos. Parece que aman la distorsión.  ¿De que les sirve construir una fortaleza cuando la bestia  vive dentro?
Dicen que si alguien pasa muchos meses sin ver la luz se quedaría ciego, que un bebe moriría sin el calor que le proporciona cogerlo en brazos. Callan, omiten decir que México es el segundo país en producir más energía geotérmica, en aprovechar el calor de nuestra madre, no dicen sexto en potencial solar, no dicen sexto productor de crudo.
Yo sólo oigo deja de llorar, cálmate, te voy a dar una hostia, me voy a llevar a la niña, deja de gritar. Imagino la angustia, la sed, el frío, el miedo de la niña rota y acude también a mi garganta un grito, se queda ahí, acurrucado hasta que se apaga.
Su llanto dura horas pero nadie acude, nadie calma la enfermedad de la niña. Pienso que eso que sale de sus ojos debe llamarse odio, asco o rabia, pero no lágrimas. Dicen que Centroamérica no existe, no dicen segunda barrera de coral. Dicen que México es un lugar peligroso ¿pero no cuentan las enfermedades del alma?

Sonidos


Desde mi ventana
Veo pájaros,
Realmente no los veo
Pero los oigo,
Sé que están desnudos,
Sé que su canto se filtra
Quieto, salobre, estático,
Desde la ventana.

Imagino su canto
Emergiendo hacia la luz,
Imagino sus alas rojas
Batiéndose despacio,
Sus picos abiertos
Para cantarme una canción de cuna,
Para darme agua.

A veces se tornan oscuros
Dentro de mis sueños
Y les temo a pesar de
 Que sepa que son frágiles.

Mi voz a veces también me asusta,
Ella también lastima y duele
Aunque se quiebre con el viento,
Aunque se escurra como
Los mirlos que cantan,
Desde mi ventana.

orquidea psicopata

Manos

Sandra significa protectora. En mi antebrazo viven 44 especies de parásitos. El 1% de mi peso esta formado por bacterias. Sandra se coloca los guantes. Sabe que debe ser rápida, implacable, no puede permitir ningún roce ocasional, los intrusos podrían traspasar la barrera de látex.
No es suficiente con cambiar las sábanas, necesitan un casero para vivir, nosotros los albergamos, 10 veces más células bacteriales que humanas habitan nuestro cuerpo. No es suficiente con lavarme los dientes 5 veces al día. Debo combatir los estafilococos, la psoriasis, huir de los huevos de anquilostoma. Le resulta difícil encontrar trabajo, la frutería es una buena opción, la manipulación de suministros se ha vuelto delicada, ahora no extraña a nadie la utilización de guantes, por eso prefiere las frutas. Algunos clientes la llaman paranoica, xenófoba, dicen delirio de persecución. La lucha no esta fuera sino dentro contra los eccemas, las escamas, la queratosis. 500,000 especies de ácaros, arácnidos que se acumulan en nuestra casa, miles, millones, costras de piel muerta. Incluso las cucarachas se limpian al tocarnos. Tiene los ojos llenos de venas rojas, a esa hora del día es más difícil contener las arcadas, aunque le pese hay algo en ella de la chica solitaria que solo quiere proteger su espacio. Se coloca los guantes. Comienza otro día de trabajo. 186 especies viviendo en esta selva, las siento roerme, están listas para aniquilarme. Sólo veo manos, sólo manos que portan millones de ellas, intento esquivarlas, persisten, siempre, siempre están aquí. 

orquidea psicopata