miércoles, 16 de junio de 2010

JUGAMOS A METERNOS BAJO LAS SABANAS


Jugamos a meternos bajo las sábanas. Jugamos a crecer y a vencer nuestros temores. A veces te conviertes en un dulce gato salvaje; te estiras, ronroneas y te quedas dormido arrullado por la ternura de tenernos. A veces soy un águila, me aferro a tu piel con garras afiladas. Siempre somos distintos, siempre hay alguna diferencia en tu textura, en tu aliento, en tu piel. Sólo hay algo que no cambia; tu boca siempre es una tea ardiendo en mis entrañas, tu boca mortal y rosa, de un rosa violento y encendido. Tus labios se abren  y se cierran, con calma, muy lentamente mientras duermes, me sosiega tu ritmo y no el de la lluvia, no el sonido de las gotas estrellándose una y otra vez contra las persianas.
Jugamos a extinguirnos desde adentro, desde esa llama azul que nace del sexo. Amarte es una guerra oscura, amarga. Un fragor que se extiende sobre mi piel, llaga turbia. Te amo con todas las letras de mi nombre, fuertemente y dulce como si mi amor fuese una  venganza. Jugamos  esta guerra ancestral tantas veces ganada, una guerra absurda y pura, sin artificios, que nos obliga a usar un lenguaje desnudo, de cuerpos y silencio.
No sabemos si éste juego nos vuelve fieras, si somos furia o presa, si somos ángeles condenados al misticismo de la luz.  No sabemos nada. Nosotros cabalgamos, corremos deprisa hacia el centro de la noche, huimos, persiguiendo el vaho que exhala la entrepierna. Queremos nadar de nuevo en ese río de vino, queremos volver a poseer todas las palabras y entonces, sin darnos cuenta nos acariciamos, de las manos nos brota el anhelo, de las yemas de  los dedos nos surge la inspiración pero nosotros seguimos buscándola porque estamos ciegos de luz y de deseo. Seguimos cabalgando y algunas noches nos volvemos mito, porque permanecemos sobre nuestros caballos mientras nos empapa una lluvia fina, mientras nos moja una miel azul. A veces sólo somos seres tristes, noches en las que tropezamos y morimos ahogados en sótanos profundos.
En esta habitación no reside una tristeza azul, aunque a veces me brote un miedo púrpura. En este lecho nunca ha dormido una serpiente pero a veces los insectos nos visitan, hordas de hormigas, arañas y moscas. Los insectos representan a la muerte, por eso llegan aquí, por eso intentan recordarnos nuestra fugacidad, por eso son crueles cuando jugamos a ser dioses. Pero  suspiramos cerrando los ojos, no queremos matarlos pero los olvidamos y  dormimos, entonces desaparecen, se pierden en los sueños.
No sé si somos criaturas celestiales, si soy un animal oscuro, si la bestia sedienta de mi sexo era un ángel al que encadenaron a la caverna. No sé si soy orquídea carnívora cuando tengo ganas de devorarte,  si tú eres tu silencio, tus ganas de no herirme, paz, furia concentrada, si eres pantera o dios de vidrio. De dónde vienen  mis ganas de curarte, de dejarte reposar.
Tengo palabras tatuadas debajo de mis uñas, nacen de mi alma, son canción aprendida y rezo y esta noche vamos a morir en paz, una  más en la oscuridad y la gloria, en nuestro lecho mojado de sudor, lleno de  hierbas, de pétalos de loto, plumas de colibríes, arañas de colores,  sombras, navajas y  árboles.




orquidea psicopata

4 comentarios:

  1. Me encanta, sigue así, yo estaré encantada de leerte.

    ResponderEliminar
  2. Excelente en verdad Orquídea. Desconcertante y límpido, atrevido. Ese "lenguaje desnudo, de curpos y silencio" es una imagen muy bella. Saludos.

    ResponderEliminar

¡Agradezco sus comentarios y sugerencias para mejorar¡