viernes, 17 de julio de 2009

Barcos de papel



Barcos de papel


No puedo dormir, mi cuerpo te reclama. Me cuesta respirar este aire vacío. Me muerdo la boca amoratada por tu ausencia. Mi saliva apretada tiene ansia de ti, ganas de mojar terrones de tu piel hasta que se deshagan bajo mi lengua bífida. Mi cuerpo lucha contra las sábanas. Me hundo en la blanda oscuridad. Me acurruco. Me hallo recostada sobre tu pecho, estoy ahí para llenar ese espacio entre tus brazos. Tu aliento acaricia mi frente en una estampida de palomas. Siento como de tu boca brotan pájaros.
Me cubre el rumor de un mar inmenso. Mi cuerpo se distiende sobre el colchón. El aroma del mar me golpea la nariz. Cierro los ojos, nos observo sobre la cama; tu cuerpo y el mío paralelos, dos líneas rectas. Toco tu mano. Tu mano es el reflejo de una luna de agua, un puente de nardos, una corona de papel. Vistos desde arriba formamos una letra “H”. Hervor. Helado. Hoja. Hierva. Hondonada. Herida. ¿Cuál de estas palabras me pertenece?
La arena me hace cosquillas en los pies. Me encierro en la caracola azul de tu sonrisa. Acaricio tu olor de tamarindo, respiro tu textura de mango. Te busco. Me niego a creer que esta noche es para mí sola.
Te soñé anoche, eras agua que brotaba de mis manos. Mojada en ti.  Escurrías por mis dedos. Eras líquido azul, tibieza que se derramaba entre mis piernas.
¿Hace cuánto tiempo te conocí? ¿Hace cuánto llegó a mi puerta ese montoncito de palabras esculpidas en arena húmeda? Me parece que apenas fue ayer cuando tus dedos me rasgaron para hacer brotar destellos de color rosa iridiscente. Ayer mis pezones se volvieron de neón y descubrí que también podía ser faro.
Te descubrí. ¿O fuiste tú el que lo hizo? Te descubrí, y no tuve que cabalgar sobre elefantes, no trafiqué con armas, nadie murió por esa causa, ni siquiera tuve que comprar un televisor o cambiar la frecuencia de mis cepilladas dentales. Me hallé en ti. Yo que me había burlado de la providencia, que había reencarnado para tener una vida de sufrimiento. Yo que había creído en la magnificencia de mis actos.
Recuerdo la primera vez que te vi, ese día el sol estaba en conjunción con Marte. En el mismo segundo en que me acerqué a ti explotaba un planeta en alguna lejana galaxia, un niño seguía el vuelo de una mosca, un hombre había muerto por un disparo otro victima de una erupción. Y yo pude sentir la lava, el aleteo, el impacto y  la desfragmentación en mis entrañas.
Fuiste tú quien me besó convertido en víbora, quien maceró mi carne en un perfume de canela y fresa, quien me obligó a empaparme en tu sangre blanca. De tu cuerpo brotó ese licor tan dulce. ¿De dónde proviene la raíz que une tu cuerpo con el mío, de dónde ha brotado tu habilidad de hacer nacer flores y barcos con las manos?
Antes creía que los días podían contarse, que la fuerza de gravedad me impulsaba hacia adelante, que las distancias eran  muros insoldables.  Ahora que he soñado a esos seres que destruyen planetas al dar un solo paso. Seres, que sueñan con la noche del tiempo. Los he visto derramarse, llorar relámpagos, Vaciar océanos y he aprendido que la vida es un sueño no arrullado por nadie, un murmullo salvaje. A través de ellos he podido mirarme, he visto las hojas sobre mi cabeza, la larga y pesada marcha al transportarlas. He comprendido que al soñar que vuelo amaneceré con pedazos de nube entre las sábanas. Por eso, aunque tus recuerdos tampoco me dejen dormir esta noche pensando en tu sed, en tus caricias, en el olor que guardas debajo de las uñas… voy a construirme un barco de papel, voy a navegar hasta ti, cerrando los ojos y  estirando los brazos hasta tocarte.





Pintura: Muchacha en la ventana
Salvador Dalí



NO TE SALVES


 NO TE SALVES

El hombre que el 21 de julio cumplirá 41 años sin probar una gota de licor es el culpable de que yo sea una viciosa. Mi abuelo me heredo la enfermedad incurable de la lectura, y ese es el regalo más grande que podré poseer, el secreto para viajar durante el resto de mi vida.
 En el texto “ustedes que leen” descubrí una frase del sociólogo y escritor  Franco Ferrarotti:
“Bendigo las muchas, pesadas y a veces misteriosas enfermedades infantiles. Las sufrí, pero valió la pena. Me salvaron de los amigos, de los compañeros de la escuela, de los interminables juegos de la infancia. “
Es curioso como  una circunstancia nos orilla a tomar decisiones que re direccionarán el resto de nuestro camino. La situación que me hizo identificarme con este fragmento del texto es que durante  la niñez me vi afectada por  continuos ataques  asmáticos, si bien, esta enfermedad puede ser controlada, era un hecho que me afectaba mucho en cuanto al  desarrollo físico que  exigen los juegos infantiles. Durante el recreo veía como los niños corrían por todas partes, por mucho que intentara hacerlo terminaba por recurrir al inhalador. La enfermedad me parecía vergonzosa y me estaba volviendo un tanto retraída, eso aunado al aburrimiento y ostracismo que  me provocaba ser  la única hija. 
No recuerdo el primer libro que mi abuelo me dio para leer, pero se que comencé leyendo cuentos infantiles, de Andersen y de Perrault. Poco después me dio cuentos de Oscar Wilde, no se cuántas veces me hizo llorar el príncipe feliz. Luego descubrí a Manuel Acuña, Juan de Dios Peza, Pablo Neruda, Gustavo Adolfo Bécquer. Me halle dentro de un mundo diferente, entonces leí todas las semillas, las migajas que dejaban caer sobre mis manos, incluso aquellos títulos absurdos: “todo sobre canarios” “500 secretos para ahorrar dinero” “¿cómo hacer juguetes?”  Y algunos otros que me impactaron: Las mil y una noches, Don Quijote de La Mancha María, Werther, El Llano en Llamas, La Ciudad y los perros… Todos provenientes de ese rincón del cuarto de planchado que también cumplía la función de biblioteca, y que se convirtió en mi parte favorita de la casa. Todos los libros que se hallaban a allí, me parecía todavía más solemnes y más sabios porque tenían las paginas raídas y amarillentas, porque olían a humedad y desprendían polvo. Su tacto se volvió, caricias de gatos, anemonas, y orquídeas. Un cordón umbilical me ato desde el ombligo a cada página, cree un vínculo con los espejos, con refugios y pequeños mundos de papiroflexia.
Entonces comencé a elegir: Edgar Allan Poe, H. P. Lovecraft, Jean Paul Sartre, Nietzsche, Arthur Rimbaud, Baudelaire, José Agustín, Henry Miller, Herman Hesse, Georges Bataille, Charles Bukowski, Juan Carlos Onetti, Albert Camus, entre otros autores, que marcaron mi vida con palabras que se me colaban por debajo de la uñas, formaron líneas por debajo de mi rostro,  me tatuaron: ojos, flores, navajas, labios y estrías de colores por todo el cuerpo.
Una tarde en que me abuelo me vio llegar a casa con un libro del Marqués de Sade seguro pensó que me había perdido, la verdad, es que nunca habíamos estado tan cerca.
Este es el camino que  he elegido, leer ha dejado de ser una actividad  para matar al tiempo, para convertirse en  un acto al que dedico tiempo.
Creo que leer es un placer que no pueden permitirse muchos en la rutina de la vida moderna, en la rapidez, y la frialdad de la comunicación. Para muchos el tiempo no alcanza para detenerse en la belleza, para detenerse en el lenguaje y  hundirse en esta especulación, esta maraña de luz y sombra.
Coincido con la afirmación del autor:
“En el fondo leer se equipara con una perdida de tiempo. Si alguien esta leyendo, en lugar de hacer otra cosa, seguramente no tiene nada que hacer y hay que ponerlo de inmediato a realizar una actividad que, por supuesto, no sea leer”
Creo que el hecho de que te obliguen a tomar una decisión hará que siempre repudies dicha actividad, desgraciadamente esto es algo que se aplica a la lectura, se habla mucho acerca de todas las maravillas que otorga leer, sobre los beneficios y lo mejor persona que has de volverte, todo esto con el afán de despertar el interés. La verdad es que leer no nos hace victimas de ninguna metamorfosis, si dormimos con libros bajo la almohada tampoco nos volveremos más cultos. Lo que resulta innegable es que los libros son puertas hacia el conocimiento que muestran el horizonte, el mundo, un libro siempre dejará huella, después de él uno no vuelve a ser el mismo. “un libro no es nada más que un libro, sino el eco de la cultura general” según el autor de “ustedes que leen”
 Los libros (según Italo Calvino) son como pájaros y se entristecen si se quedan enjaulados, ojala en verdad pudieran circular, volar y ser gozados por cualquiera.  La realidad  es que es leer también representa  un placer que pareciera no estar hecho para todos, como lo es el ajedrez, y las matemáticas, este es un punto más en el que concuerdo  con la lectura del texto. No creo que esta afirmación resulte egoísta o elitista, creo que esta bien promover el habito de leer, pero también creo en la autonomía humana y no creo que puedan dirigirse las habilidades, las convicciones y los hobies.
He oído también como algunos que han escapado de esta enfermedad argumentan que leer te niega la posibilidad de ser feliz, porque vives preocupado y adolorido por todas las cosas del mundo. A mi una vida sin libros si que me parecería triste,  apenas puedo imaginar como hubiera sido mi vida, como sería yo, sin todas las cosas  que he visto, olido, tocado, saboreado, y sentido gracias a un libro.
A este paso creo que ya no me he salvo, me he condenado a esta deliciosa adicción. No  quiero estar inmóvil al borde del camino, ni congelar el júbilo, ni reservar del mundo, sólo un rincón tranquilo,  ni dormirme sin sueño, ni  pensarme, sin sangre, ni juzgarme sin tiempo. La vida no tendría sentido si todo se redujera a la comodidad de la ignorancia. Ojala que nadie se salvara de la desgarradura ni del mundo feliz .








orquidea psicopata

Las transformaciones del ser



Las relaciones familiares están construidas a modo de una red, cada hilo representa una obligación que a su vez forma la reciprocidad: debes amar a tus padres, respetarlos, obedecerlos, cuidar a tus hermanos, darles buen ejemplo, amar a tus hijos, educarlos, ser un apoyo incondicional para cualquiera de ellos. En la novela la metamorfosis, Franz Kafka desenmascara una realidad dolorosa y demoledora: el abandono. Al principio de la novela es él quien gracias a su trabajo en el almacén brinda el sustento económico a la familia, sus padres son viejos y su hermana demasiado joven, motivo que les impide trabajar. Su familia manifiesta por él un supuesto cariño que no es más que tolerancia y agradecimiento. Dichos sentimientos se tornan en repulsión y en asco, porque él mismo, quien antes representaba la estabilidad económica ahora los ha hecho caer en desgracia. Están imposibilitados para reconocerlo como un ser sensible después de la transformación. ¿Cómo es posible que un animal, y uno tan insignificante, un insecto, esté dotado de alma? Eso es impensable, son los mismos seres amados quienes ahora lo aborrecen, quienes reducen su existencia a la de un animal, un ser sin sentimientos. Son incapaces de mirar su angustia, vergüenza y desesperanza. Al revelar la falsedad del concepto de la solidaridad y familiares, el autor nos conduce también a una crítica social, nos hace ver la falsedad, la hipocresía y la importancia de la apariencia física. Si la célula está infecta, la sociedad es un organismo corrompido.
El sufrimiento es otro punto importante en la novela, la metamorfosis que sufre Samsa no se presenta como un proceso lento y gradual, la agonía es absoluta desde el principio, desde esa mañana cuando despierta convertido en esa especie de cucaracha-escarabajo. Comienza por pensar que es un sueño, luego descubre que sus ojos no le mienten. La imposibilidad de movimiento confirma que su espalda se ha vuelto una especie de caparazón y que sobre su vientre descansan muchas patas. ¿Existe algo más repulsivo que una cucaracha? La imagen que representa Gregorio es demoledora: un sujeto empequeñecido, reducido por debajo de su condición humana, cuya monstruosidad lo obliga a ocultarse bajo la sábana para aminorar la aversión que sienten al verlo, la criada es la única que manifiesta simpatía por él pero es más parecida a la ternura que se le proporciona a los cachorros. Los movimientos más simples se vuelven dolorosos, además está imposibilitado para comer. A su vez, él mismo deja de reconocer a sus familiares, su hermana representa ahora sólo a una niña que siente asco por él, su madre sufre desmayos al verlo, su padre es ese sujeto hosco que lo trata con severidad, lo mira con odio y provoca en él esa herida, no solamente la herida física de la manzana lanzada hacia él, sino ese proyectil que lo hiere mas hondo: el rechazo. La muerte de Gregorio es el suceso más piadoso de la novela, porque la muerte representa una reconciliación consigo mismo, es más bien un acto voluntario de abandono, para cumplir con las exigencias familiares de deshacerse de él, quien es inmediatamente olvidado y remplazado por la imagen de la hermana, joven, vivaz, bella y saludable.
Kafka nos sumerge en un laberinto interno, donde al final de la caída, se encuentra un espejo que resulta atemorizante porque obliga a reconocer que todos alguna vez hemos sufrido la metamorfosis, algunas veces para volvernos mariposas y también repugnantes cucarachas.





orquidea psicopata

¿El mundo gira si dos se miran por la cámara web y se reconocen?


Creo en la palabra como un puente. Creo que la palabra es planta, semilla y nutre. Porque sé que la palabra es disparo, es la acusación que te llevara a la hoguera, es herida y calumnia. Porque la palabra es alimento, concilio, tregua, redención, victoria.
Dicen que el grado de velocidad es directamente proporcional al grado de olvido, entonces, en una sociedad tan acelerada como la nuestra nos falta poco para parecernos a aquel personaje de la película “memento” incapaces de crear recuerdos nuevos, a partir de un momento determinado.
Los sucesos acontecen, uno se pierde, se ofusca entre la maraña de luces y sombras. El tiempo no alcanza para detenerse en la belleza, el tiempo no alcanza para hablar, para comunicarse, para dejar las abreviaturas y escribir frases completas, esas que tanta pereza mental, les provocan a algunos.
A veces, el aburrimiento, el hastío de las cosas rutinarias o las simples ganas de chismear nos obligan a entrar un momento al “chat” y en ese instante en que aparece la ventanita iluminada indicando “conectado”, entonces, por arte de magia, se abren a su vez, 2 o 3 ventanas mas pequeñas con frases de gran interés:
“k pd nn wapa, salu2 t k muxo”
“wola niña, t mnd 1 bso…cuidt”
“k onD bandiT, party el sab4dillo”
Incluso uno de mis “contactos” siempre me saluda cordialmente con algo como: “wola wanpirita te Saluda el indio fashion” y a continuación un amplio campo semántico, sin relación alguna: Kiko, florecita, mocos, zas, martillo, loco… y un largo etcétera
Si la vida se redujera a eso, entonces seria absolutamente verdadera la afirmación de que “leer no nos sirve para nada”
Estoy aquí, entre cuatro paredes, y tengo la posibilidad de que alguien que se encuentra a 9000 kilómetros de aquí, en una habitación que si bien es cuadrada como la mía, puede hablarme de todo lo que gira en torno a ella, de los bidés, del gasoil, de esas pequeñas cosas que hacen su vida y la mía tan diferentes. Puedo aprender palabras que aquí no representan nada, puedo decir gayumbos, chumberas, batatas, y sonreír al pensar en lo que significan: calzoncillos, nopal, camote. Puedo sacar a relucir esas palabras que también me representan, que son parte de mi identidad, que me forman. Podemos hablar de la soledad, del vacio que me dejo una historia cuando llegue al final y no quería hacerlo, de cómo quería acariciar esas paginas por siempre, puedo contarle sobre mi nostalgia, que no es sino la suya propia, reflejada a través de un océano de distancia. Me refiero a la magia que puede crearse a través del juego de este juego de espejos.
He escuchado a la mayoría de la gente, despotricar acerca del internet y de la deficiencia de todos los medios en general, por la dificultad que hay para establecer una comunicación real. El problema no esta en la tecnología sino en la conciencia, tenemos abierta la puerta al mundo, pero decidimos soltar un montón de frases burdas y solo experimentar con la cámara web para hacer porno casero. Y no es que eso me parezca malo, pero si me parece una actitud sumamente vacía el acercarse a alguien únicamente de esa forma. Creo que mas bien debería ser al revés ya que lo verdaderamente difícil y lo que hace que se establezca una conexión es comunicarse, y para eso contamos con un tesoro incalculable: el lenguaje, a través de él puedo manifestar todo lo que soy, en todo lo que creo, puedo organizar el caos, puedo mentir, puedo construirme una realidad, puedo ser sincera y pintar la verdad con ocres y parduzcos. Y después de eso, si me apetece hacerlo, tendré tiempo de sobra para ver fotos sensuales de alguna persona, que no represente ya solamente una imagen, sino que tiene detrás suyo la historia de un país, la suya propia, las vivencias, los ritos, los ruidos, que la vuelven única e interesante.
Creo que el internet es una puerta, pero el puente para llegar a él es la palabra como el medio para comunicarnos.
Si bien es muy difícil cuestionarse uno mismo, mas aún lo es enterarse de cómo se encuentra emocionalmente la persona que esta a mi lado, la que vive bajo el mismo techo. Pero quizá si me esfuerzo lo suficiente pueda entender, en la medida que sea posible, como se siente una persona con la que he establecido contacto, en otro país, en otro estado, otra cuidad, en otro pequeño mundo.
Sin duda el mundo gira, y cambia si dos se miran y se reconocen, la dificultad de las barreras físicas: tiempo y espacio, no facilitaran las cosas para que esto ocurra por una cámara web, pero aunque yo tampoco lo se de cierto, lo supongo, creo. Creo en alguien que dice: “la tierra giro para acercarnos mas, giro sobre si misma y en nuestro interior, hasta que por fin nos reunió en este sueño”

orquidea psicopata

MIS AMANTES DE PAPEL

MIS AMANTES DE PAPEL
Al igual que Lolita tuve una iniciación precoz. Desde muy niña comencé a experimentar un amor sensual. De alguna manera mi abuelo me contagió esta parafília. Lo primero que me sedujo de los libros fue la textura rugosa de las páginas, algunas pastas eran duras, varoniles, otras eran como pétalos, sus frágiles hojas de papel cebolla se desojaban al tacto. Había páginas que acumulaban la mugre de todos los siglos, la amarillenta sabiduría carcomida por polillas, o bien la tersura de la juventud. De cada página brotaban duraznos, astromelias, mandarinas, roces de manos, orquídeas, helechos y tejados.
Algunos libros olían a nuevo, los envolvía la frescura de la brisa pero la mayoría olía a lentitud, a puerta cerrada, a lluvia, a tarde de domingo. El mismo librero tenía un olor a encierro que resultaba fascinante. Al principio sólo podía percatarme de los olores y las texturas físicas del libro, pero mis amantes de papel comenzaron a exigirme cada vez más, fueron educando mis sentidos, empecé a percatarme del olor a pólvora que precedía a los suicidios, del zumbido de moscas que rondaban la muerte, conocí el olor a noche, a ausencia, a añoranza. Luego las vivencias empezaron a ser mas intensas, más complicadas de definir en esencia, olor, imagen y significado. Los libros se volvieron puentes, venganzas, amoríos… que me remitían a peras, a sabanas limpias, a chillidos de ratas y a nenúfares. Días de lluvia que representaban la vacuidad, el insomnio y la desesperanza.
Fue gracias a los libros que descubrí gran parte de mi historia familiar. Conocí la carga de romanticismo que corre por mis venas, fue a través del universo de cosas que guardaban los libros y los volvían todavía más interesantes: poemas improvisados en servilletas de papel, dedicatorias de novios tímidos o apasionados, flores disecadas entre las hojas, boletos de cine, de avión, anotaciones...
Entonces los libros se fueron convirtiendo en objetos de deseo que quería poseer, objetos en los que quería impregnar una huella propia. Me volví fetichista, después, como la vida es una red enorme de causalidades fue gracias a eso que los libros me ayudaron a cuidar la economía y me volvieron saludable: si quería comprar la edición de pasta dura de Baudelaire tenía que ahorrar el dinero íntegro a la hora del recreo durante 3 semanas, eso significaba comer una manzana traída del frutero de mi casa en vez de chicharrines con limón y salsa.
Así fui haciéndome de mi pequeña biblioteca y aprendí que los libros no se rigen por patrones, algunos son como niños y divierten, algunos son viejos y regalan enseñanzas, algunos son doncellas delicadas y obligaban a tomarlas con cuidado, a cambiar las hojas con suavidad para evitar dañarlas, otros piden ser sodomizados, terminan subrayados, con las puntas arrugadas y con las hojas a punto de desprenderse.
Gracias ha ellos me he vuelto una perversa, he hecho el amor con cada autor, con personajes de diversos mundos, sexos, épocas y situaciones. Me he vuelto su cómplice amorosa y amante. Cada uno de ellos me ha aportado algo, un olor, una sensación, una palabra, una imagen, una emoción, un placer distinto. Creo que los libros son como la vida, hay que experimentar con ellos, y disfrutarlos.


orquidea psicopata

Lluvia



Lluvia

Escribiré un texto sobre la nostalgia. Todo será la atmósfera, el olor a salitre de la playa fría, la soledad azul de tardes vacías con el ruido vaporoso de la ciudad. ¿Para qué me sirve la voluntad?
Observo las paredes blancas. Lucho. Lucho contra su plasticidad. Están mojadas de ausencia. Asisto a este entierro de lo cotidiano, nocturna. Espero la procesión ancestral de fantasmas que me posee cada noche. Todos son el mismo hombre…los recuerdos. Veo mi realidad de muros pálidos que carecen de naturalidad. Me hundo en ellos como una muñeca plástica, refugiada en una construcción de látex .Lleno los muros de fotografías. Cubro cada esquina para taparle el paso a la desesperanza. Es inútil. La mujer de la fotografía lleva carmín sobre los labios, sonríe. El hombre que se encuentra junto a ella tiene la mirada triste. ¿Ella se habrá preguntado si tiene derecho  de intentar borrar ese rasgo de dolor sobre su rostro? La chica de la foto se parece a mí, pero ella es feliz. A la izquierda ésta el calendario 2009 que mi abuela me ha comprado. Junto a los girasoles que no son de Van Gogh, está impreso en letras verdes “la confianza en sí mismo es el primer secreto del éxito” ¿acaso la vida es solamente esto?...
Quiero quitarme la piel y arder, darte mi esqueleto en una cajita de cristal. Quiero borrar cada palabra que me he tatuado y ponerla sobre tu lengua, envuelta en papel de arroz.
Abro la puerta, ya es la hora, la soledad debe estar cansada de esperarme.
Afuera, en el pasillo ha aparecido una catedral. Hombres sin rostro me han dicho que guarda todo el oro del mundo ¿Por qué no se ha llevado toda la miseria?
 El ambiente se ha enrarecido. Se percibe un olor agrio.
Quiero salir a la calle y ver los autos siendo peces dentro de un enorme lago. Quiero pisar el asfalto e incrustarme a él como un crustáceo, gritar tu nombre, mirar bajo las rocas y contemplar los alacranes.
Los naranjos están llenos de ti. La escarcha está llena de ti. La lluvia se llena en ti. Los ataúdes te proclaman.  Mis muslos se han manchado con tu nombre.
¿Qué parte de mí te pertenece? ¿Acaso soy una estadística en tu vida? ¿Tú eres en mí sólo el hombre número dos, el tres o el cuatro? ¿Puedo decir que te he besado tres mil quinientas cuarenta y siete veces? ¿Qué sentido tendría ahora decir que he tenido dieciséis orgasmos?
¿Dónde estoy? Corro. Sigo las vías del tren, que pasan frente a la catedral. Seres grises, con mirada acuosa me invitan  al último vagón. La tristeza se desprende del ala de un pájaro. La sangre me salpica, me golpea. Decido subir el primer escalón, mientras las piernas aún me tiemblan.
El tren retrocede a diez kilómetros por hora. Esta máquina y yo somos presas de la lentitud.
Los pasillos están plagados de imágenes. Algunas incluso parecen absurdas:
Los ojos de un hombre que por fin sonríen, él ayudando a la chica a pintarse las uñas de color rojo dinastía. Manos. Texturas de manos. Relieves como puentes, mirlos, brasas o acuarios. Caricias. Estatuas de piedra y estatuas humanas. Estanques. Murallas. Árboles sepultados bajo la nieve. Árboles resplandecientes en fríos días de sol. El hombre ayudando a la chica a calzarse las botas. Labios de corporeidad mortal y rosa, tardes de gritos, de llanto. Tardes de risa silenciosa. Encajes enredados por la piel. Una horda de sombrillas multicolores brilla como una constelación, como planetas agrupados, coronados por polvo, por finas gotas espaciales y brillantes.
Entonces, me concentro en esa última imagen: él sueña que sueña junto a la chica, sueña que ella lo despierta de ese sueño para acostarse junto a él. La besa, la acaricia, la aprieta contra sí, pero ella no le oye. Es la misma chica de las fotografías, incompleta, sin ángulos ni dimensiones. Escucho el crujir de algo. Algo se rompe. La hendidura en la muñeca del modelo para armar. Raja oscura y chorreante. Cierro los ojos. Recuerdo un poema de Garduño:
“… porque sin ti la vida
es un ataúd cotidiano,
porque sin ti no habrá palabras
para callar y olvidar tanto recuerdo … ”
Observo las paredes verdes, rosadas, azules o amarillas. Y a nueve mil kilómetros está amaneciendo.




Fotografía: La Giralda, Sevilla.
orquidea psicopata