viernes, 5 de diciembre de 2008

Me hubiera gustado



Me hubiera gustado


Me hubiera gustado tener una pecera con muchos peces de colores. Ser más alta y delgada, como la rama de un árbol a punto de quebrarse. Tener una expresión melancólica en los ojos, incapaces de mostrar algo que no fuese tristeza pero la naturaleza me dotó de forma diferente.
Cuando crecí pensé que con escribir solucionaría algo, tomé un cuaderno y comencé a anotar cosas:
“La  vida es como masticar un fruto del café, al morderlo sientes un gusto ligeramente dulce, que se pierde rápido hasta volverse insípido por completo.”
Al principio escribí todas las cosas absurdas que habían acontecido en mi vida. Estaban ahí todas las miradas y sus clasificaciones, todos los rostros, el primer beso y la última caricia, la que nunca había recibido. También había frases absurdas: “¿serás tú quien construirá con mi carne un cuerpo nuevo sólo para demolerlo?”
 Cuando las palabras y los hechos me fueron abandonando comencé a escribir las cosas que soñaba. Luego olvidé cómo soñar, entonces mi corazón se vio inundado por una brisa de mar, una laxitud que fue cobrando matices reales y formó un rostro, un nombre, un olor propio. Entonces dejé de escribir, no necesitaba hacerlo porque lo tenía a él. Mis palabras ahora tienen un alcance diferente porque las oigo a través de un eco.
Esta noche soñé como hace mucho tiempo no lo hacía. En el sueño olvidaba la muñeca que mi padre me había regalado, la dejaba junto a un castillo de arena. El viento de la tarde se esmeraba en derribarlo y la muñeca quedaba sepultada en los vestigios de lo que había sido un palacio. Cuando la marea empezaba a subir la arrastró hasta estrellarla contra las rocas, estaba hecha de cristal. Estalló en pedazos al primer impacto. Fragmentos dispersos brillaron una última vez con destellos multicolores antes de desaparecer entre las olas. Sentí brotarme un líquido oscuro y viscoso parecido a sangre a punto de secarse. La hendidura era profunda, estaba  rota, y comenzaba a secarme.
Me desperté llorando. 
Abro los ojos, con esa expresión que los años me han ido dejando, los miro,  incapaces de  mostrar algo que no sea tristeza y me doy cuenta de que en efecto, lo tengo todo. Excepto un cajón donde enterrar mis esperanzas.

orquidea psicopata

1 comentario:

  1. la naturaleza te doto de inteligencia ( criminal jaja) y mucho que compartir , eres grande como un arbol!!!!

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