viernes, 5 de diciembre de 2008



La soledad de mi nombre
vacila en la calle ancha,
suspendido del árbol de la lujuria.
Árbol del deseo, que somos,
en el manto de la noche.
Sudor calido y amargo.
Vino de la piel
derramado sobre el día, otra vez.
Los minerales son frágiles.


Toca mi sangre animal,
piérdete en mi aliento
de ángel fugaz.
Deja que la muerte penetre
en este instante liquido,
que el silencio nos envuelva,
nos sepulte en su memoria.



orquidea psicopata

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