jueves, 4 de diciembre de 2008

LA PRESENCIA DEL ANGEL








La presencia del ángel


Te bajarás los pantalones en silencio y frotarás tu verga contra mis pantis. Recorrerás el desierto  de mi vientre. Me envolverás en tus gemidos suaves.  No hallarás en mí más que una cavidad pétrea, rígida e impenetrable. Impalpable como un poema. Casi llorarás al descubrir mi virginidad, que ese día no es de una pureza límpida, sino palpitante y roja. Castidad que se ve removida por tus dedos.
Y a pesar de tu asco y de tu pulcritud besarás mi vulva, morderás mi carne rosada y cálida. Envuelto en esa ácida fragancia.  Succionarás mi clítoris con tus labios y tu lengua, luego me besarás; un beso  húmedo y salado por los rastros de mi sangre. Voy a morder tu labio inferior hasta sangrarlo  para probar tu dulce sangre. Unidos así, en ese beso, un beso de muerte y de renacimiento, te creerás con derecho de penetrarme. Sentiré una desgarradura dolorosa. Sentiré el ardor de tu miembro palpitante, sin nada de romance ni nada de magia.  Después de dos sacudidas rápidas, te arrepentirás. Tomarás una aguja y coserás mis labios. Entonces lloraré de agradecimiento. Lágrimas de dolor y placer. Luego tú llorarás y después de restaurar mi virginidad, subirás el cierre de tu pantalón, me gritarás y escucharé un portazo.
Abro los ojos, me recorre un temblor de excitación y  miedo. Mi mano descansa sobre mi pubis masturbado y húmedo. Pienso en ti: ángel lúbrico, demonio desflorador, deidad castrante, divinidad erecta. Lástima que sólo conozca de ti, tu voz dentro de mi mente.







Dibujo: Sophia's Mercurial Waters  
(Mark Ryden) de la serie Bunnies and bees.

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